Se alza el telón
Malkah Rabell
Temprano y en ayunas: otro nuevo grupo
A la multitud de grupos, o grupúsculos, que en México tratan de hacer teatro en los últimos años se agregó otro grupo nuevo, que tal vez no puede considerarse como tal, sino como la vaga reunión de una medía docena de personas deseosas de colaborar en actividades teatrales, que puso en escena: Temprano y en ayunas del autor novel Jaime Chabaud. Y aunque primera creación dramática de ese autor joven, ya fue presentada en el segundo ciclo de "dramaturgos fin de siglo XX" organizado por la escritora y periodista Connie Ibarzabal. Lo extraño de este conjunto, que .aún no tiene título, es el lugar donde actúa. Se anuncia como Teatro Santo Domingo en la plaza del mismo nombre. Pero ¿es posible llamar teatro a esa especie de covachita a la cual se llega subiendo cuatro pisos terminados por otras dos escaleras en caracol. como se suele usar en ciertas casas antiguas para subir a la azotea? La salita tiene lugares para 42 espectadores sentados. Mas, he aquí lo increíble del caso. La obra que se estrenó el 20 de octubre y carece por completo de propaganda (por falta de medios económicos), no sólo llena su minúsculo espacio dedicado al público, sino que ha de negar entradas (pagadas) a 25 o 35 personas cada domingo.
Dirigida por un director joven, Alejandro Ainslie, que sospecho igualmente novel, la puesta en escena se impone por la fuerza dramática del texto, que es impactante y que no dura más de una hora. Lo que es una virtud en el presente caso. El argumento que pone los pelos de punta de durar más tiempo corría el peligro de provocar el desmayo de alguna tierna espectadora. Los dos muy jóvenes intérpretes, Raúl Zúñiga como un drogadicto y alcohólico, probablemente pintor de profesión o de afición, según nos lo sugiere la destartalada escenografía de Arturo Angulo, con su caballete y sus cuadros; y Concepción Márquez, que no da la edad ya madura que debe tener en su papel de madre de familia, una de esas santurronas que suelen visitar a los vecinos de mala fama del barrio ofreciéndoles la palabra de Dios, ya parecían bastante familiarizados con el desempeño histriónico, pese a lo complejo y difícil de sus sendos papeles.
No sé si fue debido a la imaginación del autor o a la del director, que en el programa de mano se insertó un corto texto de José Revueltas que parecía como creado especialmente para la obra. Y ya que no puedo relatar el argumento de Temprano y en ayunas, para no disminuir el interés del auditorio, por lo menos deseo citar algunas frases de ese increíble y original novelista político: "Todas las puertas cerradas en nombre de Dios. Toda la locura y la terquedad del mundo en nombre de Dios. Dios de los ejércitos; Dios de los dientes apretados; Dios fuerte y terrible, hostil, y sordo, de piedra ardiente, de sangre helada. Y eso era ahí y en todo lugar porque El, según una vieja y enloquecedora maldición, está en todo lugar."
Este espectáculo de Temprano y en ayunas -que se me hace más apropiado que "Tempranito y en ayunas" que más de la sensación de comedia es otro de los fenómenos que actualmenté suceden en el ámbito teatral del DF. Teatros multifacéticos donde vecinan los espectáculos de grupos independientes o simplemente aficionados, con los perfectamente profesionales. Donde los espectáculos se presentan ya en inmensas salas, ya en reducidísimos espacios hasta llegar a presentarse en habitaciones de casas de huéspedes. ¿A qué se debe esta multiplicidad y esta densidad de vida teatral en una época de tanta crisis? Según parece en el París ocupado por el ejército alemán también había una vida teatral trepidante. ¿Escape de las penas y del hambre de una ciudad ocupada? Y entre nosotros ¿escape de las preocupaciones de una ciudad en crisis? Aún no se ha llegado al fondo de ese problema que tal vez necesita mucha sabiduría para ser resuelto. Muchas son las preguntas y pocas las respuestas.