Teatro 11 de Julio. Autor, Philip King. Traducción,
Norman Day. Adaptación R. Banquells.
Dirección, Ignacio Retes. Reparto: Luz Ma. Aguilar, Héctor Andremar, Aarón Hernán, Carmen Salas, Queta Lavat, Wally Barrón, Mario Alberto Rodríguez, Guillermo Barur y
Robert Andresen.
Antes que otra cosa, hay que hacer constar la medida
antiprofesional de la compañía Los Profesionales de suprimir el nombre de los
autores de las obras que anuncian en sus carteleras. ¿Quiere decir que
desprecian tanto la obra que montan que consideran que no merece siquiera la
pena de decir quién la escribió? O bien, ¿piensan que su puesta en escena es
tan deleznable que por respeto al autor, callan su nombre? Tanto pecan quienes
minimizan a los actores, concediendo toda la importancia de un acontecimiento
teatral, al autor, como quienes caen en el otro extremo. Incluso cuando una
obra es firmada con un seudónimo no hay por qué suprimir la firma del autor. Recordemos
cuántos autores han obtenido fama y reconocimiento a través de un seudónimo.
La comedia de Penélope
y el nazi de Philip King, está basada en una anécdota no sólo
trivial, sino pobre de imaginación. Si al menos tuviera el aderezo de un diálogo
fluido y chispeante, o dentro de su arbitrariedad, crear situaciones realmente graciosas... pero nada de eso. El
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diorama teatral
penélope
y
el nazi
por mara reyes
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diálogo es reiterativo, se abusa de
los equívocos y todo se va en un abrir y cerrar de puertas para que los
personajes entren y salgan sin ton ni son.
Es una lástima ver actores buenos como Luz María Aguilar,
Héctor Andremar y Aarón Hernán, hacer esfuerzos
inauditos por salvarse del desastre. Carmen Salas es quien tiene en sus manos
el papel más lucido y es ella la que logra los mejores momentos de la comedia. Queta Lavat pasa por la escena sin pena ni gloria y lo
único que molesta es que se está haciendo una costumbre en ella mirar al
público, tal como lo hacen los actores de la vieja ola.
Es lastimoso que actores y directores que han luchado tanto por
labrarse una carrera, tengan que aceptar tomar parte en comedias tan mediocres.
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No estoy contra la comedia, sino contra las malas
comedias. Y Penélope y el nazi es una mala comedia, bien vestida. (Al
menos según esta adaptación de Rafael Banquells). La
escenografía de David Antón merecía mejores metas, así como el esfuerzo de
Retes por conseguir la risa de su público, y el de los actores, que tuvieron
que enfrentarse incluso al ridículo durante esas absurdas carreras por la
escena.
Lo mejor de la dirección lo vimos en la primera escena entre el
vicario y su mujer, cuando hablan mientras salen de la habitación y continúan
la conversación, a pesar de hallarse en lugares diferentes de la supuesta casa.
Pero la obra, después de su decoroso primer acto, se desbarranca sin remedio
por una cuesta que no puede evitar ni el director, ni los actores.
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