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Se alza el telón

Malkah Rabell

Las pasiones de August Strindberg

Caso bastante raro, August Strindberg en este 1989 apareció en diversos teatros en nuestra capital. Y si durante muchos años la escena en México lo tenía olvidado, de repente en el transcurso de una temporada aparecieron dos obras suyas y una acerca del mismo genial escritor, negado por unos, admirado por otros e ignorado por la mayoría.

El año empezó con El pelícano que protagonizó la excelente actriz Marta Aura en el foro del Museo Rufino Tamayo, bajo la dirección de un recién aparecido director Alberto Atala. La segunda obra de Strindberg, la que aún sigue en cartelera es La danza de la muerte con la no menos talentosa actriz Marta Verduzco, bajo la dirección de Salvador Flores en el teatro circular El Granero. En tanto, la tercera obra que fue puesta en escena por el prestigioso director Manuel Montero, es más bien acerca de la vida y de la obra del escritor escandinavo: Las noches de las tribadas de Oloff Enquist, compatriota de Strinberg. Esos tres dramas de y sobre Strinberg, que le devuelven la actualidad nos permiten recordar algunos hechos de su vida. Sobre todo sus tres grandes pasiones.

Hubo en la vida de este hombre doloroso, a quien se llegó a considerar como misógeno, debido a sus apasionados alegatos antifeministas, tres amores, tres matrimonios que terminaron cada uno de ellos por una tragedia íntima, por el desgarramiento y el refugio en la soledad.

Primero hubo en su vida la historia de Sire von Essen, la bella baronesa casada y descuidada por su cónyuge, la que despierta la compasión del joven bibliotecario que es en aquella época Strindberg. En una atmósfera turbia, llena de complicidades, nace la pasión que se esconde bajo la máscara de la ternura, de la amistad, del juego del "hermano y de la hermana". Luego llega el escándalo del divorcio, de las dificultades de la vida de les dos en la miseria del exilio. Y en ese clima de amor-odio, de reproches y suspicacias, empieza "la lucha de los cerebros", tal como Strindberg lo reproduce en El padre y en El alegato de un loco.

Quince años después es el divorcio, el doloroso rompimiento. Strinberg permanece muy ligado a sus hijos, pero su alma está vacía, y en el ambiente literario berlinés donde se festeja y se admira a ese gran escritor nórdico, representante de una literatura casi ignorada por el resto de Europa, el dramaturgo se halla como vaciado de toda substancia, incapaz de escribir.

Con su segunda esposa, Frida Uhl, el matrimonio sólo durará algo más de un año. Ahora Strindberg ya sabe describir los orígenes de las discordias, los inicios de los pleitos matrimoniales, pero su nueva sabiduría no impide que las discusiones nazcan a cada paso. Su nueva unión que le da una niña, no es más que un paso en el camino hacia el Infierno.

Con las cartas a Harriste Bosdse y el Diario oculto, llegamos a la tercera estación. Esta unión da como resultado su obra El ensueño, la cima de su creación, obra que escribe para su nueva esposa, a la que van seguramente dedicadas estas palabras del mismo drama: "lo más dulce y lo más amargo, el amor: ¡una mujer, un hogar! Lo que hay de más alto y también de más bajo".

Tercer matrimonio, cuando el célebre escritor de cincuenta y dos años desposa a Harriet Bosse, una joven actriz de veintidos años, bella y ávida de gozar de la vida. Extraño amor, que a pesar de la separación que no tarda en producirse entre los esposos, no admite la ruptura, se niega al rompimiento. La vida entre los dos sigue a través de unas obras que escribe para ella, hasta que con un grito de angustia y dolor se hace necesario renunciar, renunciar para siempre.