v
diorama teatral
sabes que no
te puedo
escuchar bien…
por mara reyes
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Teatro de la
República. Autor, Robert Anderson. Traducción, adaptación y dirección,
Rafael Banquells.
Escenografía, David Antón. Reparto: Guillermo Orea, Virginia Gutiérrez, Rafael Banquells, Luis Gimeno y Claudia Islas. Producción,
"Los Profesionales".
Lo que primero me
llamó la atención al llegar al nuevo Teatro de la República fue que la
asistencia estaba formada casi en su totalidad por un público masculino. (Es obvio
que no fui el día que se estrenó la obra y el teatro). Al empezar la primera de
las cuatro historias (que es la que da el nombre a la obra), tuve la
explicación. El tema despierta en cierta forma la morbosidad de un público que
satisface su hedonismo con la sola mención de lo sexual. Toda esa historia no
es más que una infinita repetición de un estribillo, un mero pretexto para
hablar del tema “tabú”. En cuanto a la actuación, Banquells es un buen actor y la gracia de Guillermo Orea y de Luis Gimeno, bastarían por
si mismos para conseguir una respuesta afirmativa del público, fuera cual fuera
“la historia”.
Robert Anderson siempre ha
demostrado una inclinación por el tratamiento de los temas sexuales y más aún
por los que rompen el molde de lo habitual -¿Quién no recuerda su obra Té y
simpatía que tanto éxito tuvo en teatro y cine?-, inclinación que se
pone de manifiesto nuevamente en esta obra dividida en cuatro historias
diferentes que vienen a ser como pequeñas obras en un acto, unidas por un eje
que las determina: el tema sexual.
La primera historia -la más
atractiva para determinado público y la más repulsiva para su opuesto (como lo
demuestra el hecho de que muchas parejas salieron del teatro a la mitad de la
historia), es a mi juicio la de menor calidad dramática. Es una historia sin
conflicto, en la que el autor se vale de un truco poco legítimo para inventarle
una acción.
La
segunda historia (El suave paso de las
palomas) es una especie de vodevil con
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moraleja, actuado con pulcritud por Banquells, Virginia Gutiérrez y por la joven Claudia Islas
que será un buen elemento en cualquier vodevil.
La tercera historia (Regresaré para Navidad) es un melodrama
comprimido que trata de plantear el problema del despertar sexual de la adolescencia
y que sólo se queda en un mero juego -como la primera historia- para satisfacer
la morbosidad del público. ¿Cómo va a compararse este intento a las realizaciones
de otros autores que han tratado el tema en serio, como por ejemplo, la que
hiciera Wedekind con su Despertar de primavera?
La pobreza de la situación dramática
es incapaz de propiciar un despliegue histriónico, por lo que las actuaciones
de los tres integrantes de esta historia: Banquells,
Virginia Gutiérrez y Claudia Islas, no tienen mayor relevancia.
Después de haber visto estas
tres historias, mi interés por la cuarta era prácticamente nulo, y de pronto,
¡la sorpresa! La cuarta historia (Yo soy
Herbert y tú quién...) es una pequeña joya teatral en un acto, que habría
que sacar de esa obra para ser representada aisladamente. Imbuida de un extraño
romanticismo, da la contrapartida a todo el teatro de la incomunicación. Se
trata de una pareja que habiéndose unido en matrimonio a los 70 años, y en
medio de una incoherencia senil que les hace confundir los recuerdos (pues ella
ve en su actual marido, a los maridos anteriores, y él ve en su esposa actual a
sus mujeres precedentes) alcanzan tal extremo de confusión, que ella llega a
sentirse encarnación de esas mujeres, y él encarnación de esos maridos, para
llegar al fin, como en un sueño, a compartir todos sus recuerdos, a hacer común
lo que no fue común a ambos, a cumplir un ideal romántico: fundir su memoria
bipartita, en una sola memoria.
En esta historia, Guillermo Orea
y Virginia Gutiérrez logran una interpretación llena de ternura, bajo la
dirección tersa y sutil de Rafael Banquells. En esta
pequeña obra todo es límpido, transparente, todo se desliza con la naturalidad
de una balsa sobre un lago. No hay cortes bruscos, no hay truco. ¡Vaya un aplauso
a Banquells, a Orea, a Virginia y a Antón, por la
atmósfera de tibieza, de calor humano, que supieron crear en esta historia!
Soy portavoz de una petición de algunos espectadores: Se suplica a Los Profesionales, así como a otras
organizaciones teatrales, en atención al turismo y al público en general,
escribir en sus programas: el nombre de la ciudad donde se verifica el
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espectáculo y la fecha, cuando menos del
estreno. Muchas gracias.
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