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Se alza el telón

Malkah Rabell

Un hermoso espectáculo para niños ¡qué plantón!

¿Sólo para niños? ¡No! También a los grandes les agrada. también a los adultos los divierte y hasta a los ancianos les encanta. Comedia musical con música de Guillermo Méndez y letra de Marina del Campo, es cien por ciento de realización mexicana, y no es poca cosa en este género tan norteamericano, adoptado por el mundo entero. Un género cosmopolita con un grupo de actores mexicanos, con dirección, escenografía, música y texto hecho en casa con una gracia y un buen gusto digno de las mejores causas.

Una comedia de los "verdes", es decir de los defensores de la ecología universal. Desde luego no tomamos muy en serio el argumento, muy cuento de hadas, con plantas que adquieren vida debido a unos polvos mágicos y a quienes el profeta quiere entregar el dominio del mundo, pero que el "líder" de las plantas, el "Pino", rechaza, porque no desea dominar a nadie, sólo salvar la tierra de la aniquilación.

Mas, no es el tema que importa, sino la música, el canto con las hermosas voces de Enrique del Olmos (¿Lo recuerdan en Jesucristo Superestrella?) y de Lolita Cortés, y de tantos otros cantantes, quienes, desde luego, cantan con una pista y tal vez con micrófonos escondidos en la ropa, o quizá con discos (hoy ya no es un crimen ni un engaño, sino un hecho cotidiano, lo más natural del mundo para ayudar al actor a sobrellevar las dificultades del género musical), pero perfectamente adaptada la voz del cantante a la cinta grabada, a tal punto que parecen cantar en vivo. Lo que -según comentarios- no sucedió la noche del estreno, pero que a los pocos días de actuación tomó el rumbo necesario. Y tuve la suerte de ver la representación a los tres días de iniciada, cuando las acostumbradas fallas de la noche de la premiére ya habían desaparecido.

En esta puesta en escena, debida a Rodolfo Rodríguez, no había un grupo dancístico especial, adaptado algo artificialmente al conjunto de actores. Estos bailaban, cantaban y actuaban. La dirección de la coreografía se debía igualmente a Guillermo Méndez, quien puede casi ser considerado como el autor de todo el espectáculo, ya que no sólo la música es suya, sino que también participó con Marina del Campo en la creación de la letra, es el director musical, y hasta en la coreografía intervinó al lado de Joel Negrete. A su vez la escenografía de Laura Rodé, aunque fue de papel resultaba encantadora, con sus estilizaciones modernas, sus permanentes cambios y ese juego de muñecos preciosos que aparecía en el fondo del escenario sobre una pantalla. Lástima que los niños no siempre lo captaban por ser las figuritas muy pequeñas. Y no podía faltar la multitud de sugestivos trajes adaptados a la idiosincracia de cada planta.

¡Música, danza, escenografía, luces y trajes! Todo ello creaba un espectáculo rico en colores, ritmos, sonidos e imaginación, con sus personjes míticos: la rosa y el pino, Susana Cázares y Manuel Landeta; la orquídea, el sauce llorón y el nopal: Susana Zabaleta, Gerardo González y Mario Bezares, y sobre todo la "Hiedra Venenosa" interpretada por Lolita Cortés con su hermosísima voz y su hermos rostro. Pero a los niños, y tal vez a los adultos quien más divertía era la cebollita, papel interpretado por María Elena Saldaña. Y tantos otros actores que no es posible mencionar a todos. Y ninguno desmerecía a su personaje-planta. Todos cantaban, bailaban y actuaban con temperamento, con desatado entusiasmo, a veces con dramatismo y otras veces con sentido del humor.

Quizá el título no es muy apropiado a tantas hermosas plantas. Y algunas veces los niños preguntan: "¿Papá, por qué se llama ¡Qué plantón!" Y a veces los papás se quedaban sin respuesta.