Se alza el telón
Malkah Rabell
Hamlet IV con el Stary Teatr de Polonia: luz y sombra
A menudo cuando uno, con alegría, espera algo grande, algo maravilloso, la desilusión provoca un estado de melancolía que puede durar bastante tiempo. Me sucede algo semejante con la presentación en México de la compañia del Stary Teatr (Viejo Teatro) de Polonia, el cual con Hamlet IV inauguró el Primer Gran Festival Ciudad de México. En realidad no fue tanto la desilusión como la desesperación. Me pasé dos horas ante un espectáculo que no veía ni entendía. Para la presentación de la compañía polaca, el teatro Julio Castillo preparó un nuevo espacio teatral. En el inmenso foro del antiguo Teatro del Bosque en una de sus alas, construyó una sala como para 300 espectadores, con un escenario minúsculo. La noche del estreno, al llenarse la nueva sala, donde nos íbamos sentando a medida que entraba el público, la visibilidad se perdía por completo. Por más esfuerzos que hacíamos, por más que nos retorcíamos y hasta algunos se levantaban y se paraban contra la pared del fondo, no se lograba ver el escenario. Por fortuna para el segundo acto, una buena parte del auditorio abandonó la sala ya cansado, de asistir a una representación invisible e incomprensible, y logramos conseguir asientos más cercanos desde los cuales por lo menos nos resultaba visible una parte del foro.
Uno de nuestros mejores y más ocultos críticos decía con cara compungida: "¿tendré que escribir una crítica por intuición?". Lamentablemente mi intuición no llega a tanto y se me hace demasiado difícil inventar unas impresiones que no existen. ¿Qué decir? Hablar del argumento shakespeariano me parece inútil. Hamlet no sólo es la tragedia del poeta inglés más importante, sino probablemente la más conocida. Pese a tratarse de un director tan vanguadista corno Andrzej Wajda, el texto se me hacía fiel al original. Por lo menos reconocía cada una de las escenas,aunque no entendía si igualmente permanecían fieles al lenguaje shakespeariano. Según explica Wajda en el programa de mano: "éste es otro de mis intentos, el cuarto, para enfrentar la obra maestra de Shakespeare, el actor. Toda la acción se desarrolla, en cierto modo, en el vestido, entre bambalinas, que son apenas visibles parcialmente para la audiencia. Este es un Hamlet de meditación, más que de acción, aunque para Hamlet el actor, ser o no ser, significa sufrir hasta el final, es decir mantener la presión de su papel como artista". Admito que toda esa explicación de Wajda me resulta poco clara. Sobre todo cuando no se entiende lo que sucede en el escenario por desconocimiento del idioma. El director usó de elementos modernos que llamaban la atención pero no siempre convencían como la televisión que observa Hamlet, o el grupo de cómicos que usa ropa contemporánea cuando todo el conjunto usa ropa de época. En cambio una escena muy convincente es la que agregó el director, la del rey que se falgela como castigo ante una Inmensa cruz; o bien la escena bélica realizada con economía de medios que resulta de gran director.
Nos queda tan sólo el analisis de la actuación. Tarea difícil cuando ni se ve, ni se entiende, ni siquiera se oye, porque los actores de Wajda por exigencias directivas hablan a tan punto bajo que a menudo es imposible oírlos. Desde luego a pesar de la poca visibilidad nos damos cuenta que Teresa Budzisz-Krzyzanka es una gran actriz y como Hamlet resulta encantadora. Pero no todos son grandes actores. Jerzy Graiek como el rey asesino de su hermano, a veces es insoportable. Tampoco Ofelia interpretada por Dorota Sgda me gusta. Ni la reina Dorota Pomykala convence, le falta presencia escénica y fuerza dramática. En cuanto a los demás, hay un grupo de actores jóvenes en papeles secundarios, como Fabisiak y Monczka, en Rosencrantz y Guildenstern que me parecen excelentes.
Y sin embargo hay algo en esta puesta en escena que encanta sin saber por qué. Entre la luz y la sombra, entre la desesperación que nós embarga por no entender ni ver y algunas escenas que logramos percibir llegamos a la conclusión que el espectáculo no deja de apasionar a pesar de todo.