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Se alza el telón

Malkah Rabell

Noche de paz, dirigida por Susana Alexander

Noche de paz. cuado un niño dios había nacido. Título irónico cuando en un asilo lujoso un coro canta y la música de la radio se deja oír a todo volumen. Desde luego, no es posible llamar "asilo" a una casa para ancianos ricos. La misma palabra "asilo"significa un hogar para pobres, un techo para quienes carecen de el. No sabemos por qué en la obra teatral del alemán Herald Mueller se designa a la casa de reposo para ricos como "asilo" en medio de una lujosa escenografía debida al magnífico escenógrafo José de Santiago. En esa escenografía que presenta un departamento que reune a un dormitorio, una sala y un corredor con baño y otros elementos de higiene, una anciana espera a su hijo que debe venir a buscarla para llevarla a casa para pasar la feliz noche buena.

El hijo llega, pero no para llevarla a casa, sino para hacerla firmar casi a la fuerza unos documentos de venta de bienes de la pertenencia de la vieja dama. No, no la llevará a su casa su hijo, porque en el hogar no hay lugar para ella, ocupadas las habitaciones reservadas para los invitados por otros huéspedes. Desde luego, no son éstos los problemas comunes de los "asilos" ni para ricos, ni para pobres. Pero indudablemente, las personas de la tercera edad, alejadas de sus casas, esperan con ansias el momento de pasar unos días con los suyos, en medio de su familia, y dejarlas sin la ansiada esperanza es robarles una gran felicidad.

La obra del dramaturgo alemán Herald Mueller, responde a muchas observaciones de los rasgos peculiares de los ancianos. Algunos de esos rasgos hacen reír, y otros provocan lágrimas. Más, no sabemos por qué la obra no logra emocionar. La actitud egoísta del hijo nos deja indiferente. Y las risibles manías de la madre tampoco nos interesan mucho. ¿Por qué? Tal vez porque el anciano rico vive bien en un "asilo bien pagado, como vive bien en su propia casa. En cambio, el anciano pobre vive mal en su propia casa como asi mismo viven mal en un "asilo" para pobres. En resumen los personajes en el escenario, Brígida Alexander, como la madre, y Farnesio de Bernal como el hijo necesitado de dinero a pesar de su coche lujoso, ninguno de ellos nos convencen. Nos pasa con esta pareja como nos sucede con todas las teorías acerca de los "asilos" ya lujosos, ya pobres. No sabemos si se debe dejar a los ancianos en sus hogares agotando a los familiares que los cuidan, o más bien es necesario llevarlos a casas -llamémoslas de reposo- para que busquen nuevos métodos de sobrevivencias. El drama de Herald Mueller Noche de paz no nos convencen ni de un método ni del otro. aunque el autor tiene bastante buena vista para observar las características de la tercera edad, asi como de los familiares de éstos.

En el papel de la anciana dama, Brígida Alexander -que aparece en ese personaje para la conmemoración de sus 50 años de actriz- trata de hacer reír y de hacer llorar a los espectadores, lo que no es nada fácil. En cuanto a Farnesio de Bernal, que por lo general hace gala de un talento de excelente actor, esta vez se dedica a gritar no siempre cuando venga al caso. Tal vez Susana Alexander como directora de escena no logra imponer a sus dos actores la razonable contención de sus temperamentos.