Se alza el telón
Malkah Rabell
El cisne que nunca duerme, de Rodolfo Odi
Otra obra sobre homosexuales se presenta actualmente en el teatro Principal. Todo tema que se exagera y se nos sirve con la cuchara grande, con o sin oportunidad, llega a cansar, a molestar hasta a los partidarios más calurosos que a veces hasta se transforman en enemigos. Es lo que sucede con la puesta en escena de El cisne que nunca duerme, escrita y actuada por Rodolfo Odi, actor de reciente promoción, y aún de más actual presencia en la dramaturgia. Desde luego los partidarios de semejante modo de vivir tienen toda la libertad democrática de practicar las enseñanzas que no sólo exige su cuerpo sino su alma. Pero no estoy muy segura si tienen igual derecho de imponer sus creencias a los demás de buena o mala gana. Pero la sala del teatro Principal aquella noche de estreno estaba tan repleta de una multitud heterogénea y entusiasta que nos convenció de sus derechos de mayoría y este público exhibía las más extravagantes vestimentas, a tal punto que a menudo resultaba más divertido observar al auditorio en la sala que a los actores en la escena. Especialmente las mujeres a veces se hacían ridículas con sus cabelleras despeinadas, con sus faldas que llegaban un poco más abajo del ombligo y sus senos bastante voluminosos para no caber en el escote. En cuanto al escenario, la vestimenta de los actores era más sencilla. O bien brillaba por su ausencia en escenas innecesarias, o bien consistía en un par de jeans y una camiseta.
La historia de este Cisne que nunca duerme es bastante simple: un escritor se hace pasar por un homosexual para vivir una aventura que le sirva de tema para una novela. Pero entretanto se da cuenta que realmente está fascinado por semejante clase de amor, y se convence que el "amor no tiene sexo, tiene AMOR". Lo que prueba que cada uno canta con la voz que tiene.
De mayor edad y mayor experiencia artística, Javier Ruiz interpreta el papel del escritor, Adrián, aunque el personaje de Ricardo es de mucho más importante. A éste último, muchacho que baila desnudo en un cabaret de mala muerte, Ricardo, lo interpreta Rodolfo Odi, igualmente autor del texto, probablemente escrito en vista del propio lucimiento, y la última escena de la obra, cuando Ricardo, en su desesperación al verse otra vez engañado por el destino, se dedica a embriagarse y con la botella en la mano ejecuta una danza enloquecedora, para la cual no tiene bastantes dones de bailarín, en cambio salva la obra de numerosas debilidades. En este último episodio, el papel de Adrián el escritor es más bien de testigo mudo, en cambio tanto el texto como la danza de Odi, a pesar de todo impresionan.
Según afirma el programa de mano, Sergio Catana, el director de escena, ya no es un principiante. Desde mucho tiempo tiene oportunidades de ejercitarse en numerosos montajes. También estudió actuación con Juan José Gurrola y Julio Castillo. Empero su dirección de El cisne que nunca duerme es una muestra bastante pálida de sus conocimientos. Lo que puede a su vez deberse a la débil construcción del melodrama, que tengo entendido es una obra novel de Rodolfo Odi.
El título de la obra: El cisne que nunca duerme se nos hace bastante misterioso, enigmático. He oído muchas veces hablar de la muerte de los cisnes, una muerte poética. Pero nunca supe nada de cisnes insomnes.
Para fortuna del juvenil conjunto, el espectáculo al parecer tuvo un desmedido éxito, confirmado por la ovación con la cual fue recibido el final.