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Se alza el telón

Malkah Rabell

La inauguración de un nuevo teatro: Silvia Pinal

La transformación de un cine en teatro es una señal económica de los tiempos que corren. Antaño, hace apenas algunas décadas, la moda y la necesidad hacían que se transformaban teatros en excelente estado en nuevas salas cinematográficas por la sencilla razón de que la gente iba poco al teatro y mucho a los espectáculos de ese arte nuevo que era el cine. Hoy sucede todo lo contrario. El público prefiere ver la televisión en su casa, donde puede presenciar varios filmes en una sola noche sentados tranquilamente en su comedor o hasta acostados en su dormitorio. Por la disminución de público en los cines éstos han perdido interés para muchos empresarios. En cambio, ha ido creciendo el interés por el espectáculo vivo, por el teatro, y muchos empresarios venden sus salas cinematográficas o las transforman en salas teatrales. La última de estas transformaciones se realizó con el cinema Estadio que al cambiarse en teatro tomó el nombre de: Silvia Pinal, que se inauguró el jueves 6 de abril con una comedia de Alfonso Paso: Cena de matrimonios.

Desde hace años Alfonso Paso es y ha sido el paño de lágrimas de la mayoría de las compañías huérfanas de repertorio tanto en México como en otros muchos países de habla castellana. Cena de matrimonios no es un estreno, ya fue estrenada en algún otro teatro cuyo nombre no recuerdo. Su montaje en el nuevo Silvia Pinal tuvo como origen el festejo de los 25 años de trayectoria dentro del teatro del actor de comedia Jorge Ortíz de Pinedo. Tal vez llamarlo actor de comedia sea reducir el valor auténtico de Jorge Ortiz de Pinedo a un género que sólo sea un paso en su carrera. Excelente actor de carácter en esos 25 años de actuación ha tenido la oportunidad de mostrarse como un actor de primera categoría, ya en obras clásicas, como en el papel principal de La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón, ya en algunas comedias modernas como Sálvese quien pueda. En Cena de matrimonios no tuvo ni la oportunidad, ni la capacidad de mostrarse como director, ni tampoco como actor. Director de escena nunca fue, y como actor necesita él mismo la mano férrea de un metteur en scene de categoría para manejar su carácter de actor echado a perder por un teatro barato.

La noche de la inauguración del Silvia Pinal, la nueva sala demostró los defectos de un cine no apto para la actuación teatral. Sala muy amplia, con una hermosa entrada en cambio carece de acústica. Y el inmenso público que llenaba materialmente hasta los últimos rincones de la nueva sala, hubo de sufrir en su mayoría un texto que no oía. Lo que no impidió que la risa y hasta las carcajadas acompañaran constantemente la representación señalando la presencia de un auditorio no solamente benévolo, sino divertido y amante tanto del género como de todos los actores que participaban.

Para esta comedia para la cual el hábil comediógrafo español Alfonso Paso creó una intriga donde varios matrimonios amigos se reúnen un sábado de noche para cenar y han de sufrir la preocupación de sospechar de la infidelidad de alguna de las esposas presentes. La compañía reunió los nombres de Nuria Bages, Hilda Aguirre y Esther de Pineda en el campo femenino, en tanto en el campo masculino recurrió a Juan Verduzco, Víctor Vera, Claudio Báez, en torno de la primera figura de Jorge Ortíz de Pinedo. En primer término, todos esos actores no lograron dar nada de sí mismos por estar muy debilmente dirigidos. En cuanto al texto, no pudimos gozarlo porque no lo oímos. Y así, en esa sala donde el numeroso público demostraba mucho entusiasmo, la falta de acústica hacía sufrir a quienes no conocíamos la obra de memoria, a la que no lograba salvar la buena voluntad de los actores.