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Se alza el telón Malkah Rabell

Irremediablemente vivos en La Gruta

El drama de Jack Richardson Irremediablemente vivos es sin duda una obra original. Se le ocurrió al dramaturgo -no sé si norteamericano o inglés- colocar al protagonista en una situación poco vista y poco utilizable. Se trata de un condenado a la pena capital, quien en la soledad de su celda pasa sus últimos momentos de vida en paz consigo mismo, sonriendo de tanto en tanto. Pero he aquí que el custodio de la cárcel le trae una inusitada compañía, una prostituta alquilada por los directivos de la cárcel para alagrar la despedida de la vida para todos los casos semejantes. La tarea parece fácil, pero en el caso de Walter resulta insospechadamente difícil, ya que el preso se niega a recibir semejante regalo.

En el segundo acto nos encontramos en un sitio diferente, que parece muy distante del anterior. Pero en realidad se halla muy ligado socialmente a la cárcel. Es la casa del verdugo, donde éste desayuna de madrugada antes de irse a su "noble tarea". Mas, para quien imagina a un verdugo moralmente diferente de un ser humano común y corriente, éste se equivoca. Tanto Walter el condenado, como Phillip el verdugo se parecen. Los dos son seres psíquicamente iguales. Los dos son desequilibrados.

Y son también los mismos actores del primer acto que actúan en el segundo en papeles diferentes pero que no dejan de ser parecidos. El drama de Phillip no es el de ser verdugo. Así como a Walter no le importa morir, a Phillip no le importa tirar de la cuerda para que otro deje de existir. Su drama es su esposa. Así como lo fue para Walter. Pero todo termina de una manera inesperada, y dejo al lector que lo descubra.

Tal vez el interés del espectáculo no sea tanto la obra como la interpretación de los dos actores que hacen los cuatro personajes: la pareja del condenado y de la prostituta en el primer acto, y la pareja del verdugo con su esposa en el segundo. Los cuatro personajes los interpretan Abraham Stavans y Bárbara Córcega. Y ambos están excelentes. También el tercer actor que interviene en la pieza, Leandro Martínez como el custodio, actúa con mucha naturalidad.

Hemos perdido de vista a Stavans desde algún tiempo. Por fortuna, Stavans nos vuelve en un personaje inolvidable, en un doble papel de carácter, tanto en la primera interpretación, de Walter, con su sonrisa de persona fuera de la realidad, como en el segundo cuando interpreta a otro desequilibrado: el verdugo. Vemos el mismo rostro pero con otra expresión. No es un verdugo cruel y de invencible personalidad. Es un verdugo inocente, inocentemente colocado por el destino en un lugar que no le corresponde. Stavans es un actor de carácter nato. En cuanto a Bárbara Córcega tiene de quién heredar, es hija de dos grandes actores: de Bárbara Gil y de Miguel Córcega. Hizo dos personalidades completamente diferentes. Entre la prostituta y la ama de casa, esposa de un verdugo, no hay nada de parecido, de igual. Y lo logró sin necesidad de buscar afeites extraños o pelucas ridículas. Era su mismo rostro con otra expresión, era su cabello peinado de otro modo, y era sobre todo su actuación, tan distinta en una y otra protagonista.

La dirección, igualmente de Abraham Stavans, bastante nuevo en esta actividad, logró imponer una fuerte disciplina a los tres personajes. También la música, adaptada por Darian Stavans, ayudaba a crear una atmósfera adecuada. Asimismo la escenografía de Jarmila Masserova, que con gran economía de medios se enfrentó a las dificultades técnicas del breve espacio teatral de La Gruta, creó una serie de efectos, unos cambios de ambiente, que aunados a los demás elementos artísticos ofreció un interesante espectáculo.