Se alza el telón Malkah Rabell
La segunda dama con Emma Teresa Armendáriz
En 1988 la multitud de compañías, de empresas, de grupos y grupitos teatrales fue tal que las salas para albergarlos faltaron y no pocos actores y actrices fueron víctimas de esa ausencia de espacios. Emma Teresa Armendariz, intérprete acostumbrada a primeras figuras y a los escenarios de prestigio, como muchos otros actores de nuestro ambiente hubo de recurrir a la trashumancia. Después de preparar un monodrama de mucha atracción dramática y humana: La segunda dama, bajo la dirección de Roberto D'Amico, trató de pulsar la reacción del público en una pequeña sala muy agradable del Centro Asturiano de México. Y fue un éxito. Lamentablemente, sólo se obtuvo la sala por una vez. Y hasta un año después Emma Teresa Armendáriz pudo volver en el mismo papel a otro escenario, el del Polyforum Siqueiros cada lunes durante 4 semanas.
Obra de una joven dramaturga norteamericana, M. Kelburg Reedy La segunda dama enfoca un argumento y una situación pocas veces llevados al escenario, aunque en la vida real abundan. Situación de una esposa de un hombre de Estado que pronuncia un discurso durante una campaña electoral cuando su marido, senador, se está postulando para el cargo de vicepresidente de Estados Unidos. La Segunda Dama recorre la provincia de su país hablando al público votante. En uno de esos actos, la oradora se da cuenta que ha perdido parte de su discurso y se ve obligada a improvisar durante 45 minutos. Con este mínimo argumento la joven autora logra crear un drama intenso que va aumentando de fuerza dramática, que a veces cae en una dolorosa farsa, a medida que pasan los minutos. Poco a poco la desesperada mujer que ignora el arte de improvisar un discurso político descubre en sí misma una fuente de hechos y verdades personales surgidos de su vida matrimonial que le encanta relatar al público, que tal vez se divierte con semejantes intimidades. La dramaturga sabe llevar a la protagonista hasta el momento final con un arte refinado y de sorprendente habilidad.
He visto a Emma Teresa Armendáriz en su primera aparición en ese monólogo en el reducido teatro del Centro Asturiano de México y fue espléndida. El estreno en el gran escenario circular del Polyforum Siqueiros le puso los nervios de punta. Como una auténtica intérprete que conoce y respeta sus responsabilidades se sintió espantada por las exigencias de ese monstruo circular que no está hecho para un monólogo que exige un espacio más reducido. Poco a poco fue calmándose y su arte dramático pudo más que su miedo. Volvió a apoderarse del personaje y cada gesto, cada sonrisa resultaban estudiadas hasta sus mínimos detalles. Esas sonrisas artificiales que se creen obligadas de ostentar las esposas de hombres de Estado, tal vez para esconder su inseguridad de personas que nunca fueron políticas, daba en Emma Teresa una perfecta imagen de lo que la autora deseaba expresar. La protagonista de ridículo que aparecía en un principio con su estrambótico sombrero de plumas, poco a poco pasaba al dramatismo sincero, al grito de amor por el hombre a quien temía haber dañado con su excesiva sinceridad. Quizá el papel de la Segunda Dama, es decir la esposa del segundo hombre en importancia de una República, el vicepresidente, fue uno de sus mejores creaciones, y hasta, tal vez la mejor de las que le he conocido. Creación en la cual la mano de este espléndido director que es Roberto D'Amico intervino con mucho peso.
Estar sola en un escenario de tanta amplitud como el Polyforum Siqueiros durante más de una hora no es nada fácil, es más bien terriblemente difícil. Emma Teresa lo logró sin caer nunca en la monotonía, o en la repetición. Sólo de tanto en tanto llenaban su soledad las voces de otros actores que se escuchaban como en lontananza desde sus grabaciones: la voz de Aarón Hernán clara y de dicción perfecta, en su interpretación de la voz del candidato a la vicepresidencia; otras voces de actrices conocidas, como Susana Alexander, Kitty de Hoyos y Adriana Roel, como la secretaria y la hermana del Hombre de Estado, acompañaban a la intérprete en su monólogo.
Esperemos que pronto volveremos a ver a la intérprete de esa Segunda Dama en un teatro más íntimo, más reducido y más secreto.