Se alza el telón
Malkah Rabell.
El desperfecto con Ignacio López Tarso
He presenciado y leído numerosas obras del autor de La visita de la vieja dama, pero nunca he oído hablar de El desperfecto. Y ello por la simple razón de que El desperfecto no es una obra de teatro, sino uno de tantos cuentos que Friedrich Durrenmatt, el escrito suizo de lengua alemana, ha producido, cuento adaptado al escenario por Antonio Monsell. Y al terminar el estreno en el teatro De los Insurgentes no lograba ponerme de acuerdo conmigo misma: ¿me ha gustado o disgustado? Y después de varios días de rumiar mi inseguridad llegué a la conclusión de que para mi gusto la obra es demasiado fría. O como dice el adaptador en la introducción al programa de mano: "... mezcla de sarcasmo, humor cínico, sátira macabra e incluso fondo moralizador que conforman su característica estilo (la del autor)", Y más adelante Antonio Monsell hace un excelente analisis de las ideas que Durrenmatt trata de expresar en su texto: "...recreación del juego sádico en que se ha convertido la impartición de justicia, la casi orgiástica celebración de un torneo muy poco caballeresco en que la culpabilidad o inocencia del acusado no dependen de su grado de responsabilidad sino del prestigio, la habilidad y la astucia de los litigantes..."
En resumen, es una obra inteligente que seguramente en un relato corto llega con toda su fuerza al lector. Más, alargada a dos horas de duración en el escenario, y realizada esta prolongación por una mano ajena al autor del cuento pierde su atracción original. El adaptado logra imponer el humor, aunque sea negro, al cual la moda de la comedia dramática acostumbró al público. El auditorio se ríe con mucha frecuencia, y hasta con insistencia. Yo no lograba reírme, no sé si por falta de sentido del humor, o porque me preguntaba cómo lo hacía Monsell: "¿De qué diablos se ríe la gente?" Y francamente no encontraba respuesta.
La puesta en escena en el teatro De los Insurgentes se debe a un director poco conocido en los medios teatrales, Raúl Araiza, según parece más bien familiarizado con el ambiente televisivo y cinematográfico. Araiza tuvo la suerte de manejar a un grupo de actores excelentes como Ignacio López Tarso que vuelve al escenario después de una larga ausencia; Sergio Jiménez, Arturo Beristain, Guillermo Rivas y Luis Manuel Pelayo. Quien más destacó de este brillante grupo fue Sergio Jiménez.
Actor nato de carácter logró crear un tipo de abogado a todas luces judío, que trata de esconder sus rasgos característicos, que teme hablar con las manos y a cada gesto exagerando intenta dominarlo eseguida: !Excelente! Al joven actor Arturo Beristáin creo que le tocó su mejor actuación que le conozco, que mezclaba la risa con el llanto, y terminó en la tragedia. Hasta Luis Manuel Pelayo, que nunca me ha gustado en sus interpretaciones televisivas, ha logrado mantenerse en su tipo de alcohólico con mucho sentido del humor y con un rostro muy expresivo. Igual sentido del humor lo demostró Guillermo Rivas.
En cuanto a Ignacio López Tarso, que siempre he considerado como a un gran actor, como a uno de nuestros mejores intérpretes, ha dejado muy extrañados a ciertos espectadores por la frialdad que demostró en su papel de fiscal. Creo que ello se debe a que el intérprete sintió en sí mismo la frialdad y el cinismo del autor, y trató de interpretarlo con mucha inteligencia. Algunos preguntaban ¿por qué es un ambiente donde todos los presentes han bebido excesivamente y se hallan embriagados, López tarso conserva toda su claridad y toda su frialdad. Creo que el actor deseaba crear a un personaje diferente inmune al alcohol, dueño de sí mismo, de sus nervios y de su temperamento. Para mi modo de ver lo logró con mucha inteligencia y profunidad.
La escenografía de David Antón resultaba muy elegante y como de costumbre impresionaba.
El director de escena, Raúl Araiza logró una representación llevada con mucha habilidad, que a gran parte del denso público del estreno entusiasmó, aunque tal vez no a todos convenció la adaptación del cuento de Durrenmatt.