diorama teatral
“la rueda de la fortuna” por mara reyes
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Teatro
Hidalgo. Autor, Héctor Quintero. Dirección y producción, Xavier Rojas. Escenografía,
Antonio López Mancera. Asistente de dirección, Roberto Mosqueira Bravo. Reparto: Isabela Corona, Aarón Hernán, Socorro Avelar, Kika Meyer, Marta
Patricia, Rogelio Guerra, Bruno Márquez, etcétera.
Debo
confesar que al leer en el programa de La rueda de la fortuna (El premio flaco) la excelente
nota de presentación escrita por Emilio Carballido, me
llené de entusiasmo. No me cabía la menor duda de que iba a presenciar otra magnifica
producción del teatro cubano. Pero a medida que se sucedían las escenas, mi
entusiasmo iba decayendo. Encontré un buen dibujo de personajes, especialmente
el de Iluminada -como dijera Carballido-, pero
advertí una gran pobreza de diálogo y sobre todo, una tendencia tan total hacia
el melodrama sensiblero -no como resultado
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del carácter mismo de
los personajes, sino como tendencia intrínseca del autor- que mi entusiasmo
acabó por desmoronarse.
En mi
opinión, esta obra es un ejemplo de buenas intenciones que se frustran por la carencia
de una técnica apropiada. Ni qué decir que no hay comparación entre La
noche de los asesinos, del también cubano José Triana, y esta obra
de Héctor Quintero. En aquélla, a la profundidad del tema, se aunaban un dominio
del oficio dramático y un moderno tratamiento que no asoman ni casualmente en La
rueda de la fortuna. Hay en la obra de Quintero aquel abuso de lo
patético que encontramos en Los signos del zodiaco de Magaña,
sólo que escrito con diecisiete años de diferencia y sin siquiera alcanzar su
nivel técnico. Si no conociéramos el nivel alcanzado en este aspecto por el teatro
cubano, ejemplificado aquí con José Triana, cabrían las disculpas, pero
conociéndolo, no hay razón para ser benévolos.
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Héctor
Quintero me parece una promesa como dramaturgo, pero nada más. Todavía se deja
llevar por la línea de menor resistencia, se ciñe al camino fácil de lo
conocido, de lo que ha sido explorado con buenos resultados, por otros autores;
o sea, no lo veo todavía como aportación definitiva al teatro de su país. No
es, a mi juicio, la provocación de la piedad para sus personajes, el único
recurso para ganar a un público, además de esa piedad, debe haber otros
soportes que apoyen la obra. Y esos otros soportes, no pude descubrirlos.
En
cuanto a la dirección de Xavier Rojas, ¿qué podía hacer él para eludir los
lugares comunes incluidos en la obra y que lo arrastraban hacia los tópicos más
sobados? No podía hacer más que ponerle una decoración
a los personajes y dejar que hablaran con sus propias palabras, bajo el mismo
molde, homogéneo pero acartonado del melodrama. Y que dentro de ese molde, unos
actores mejor que otros,
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