del teatro épico
vertió, con un dominio técnico absoluto y ya plenamente maduro, muchas de sus ideas
sobre la vida y el papel social que debía jugar la obra teatral.
Galileo Galilei, el hombre que siguiendo a
Copérnico se
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enfrentó a la tesis geocéntrica, que era mantenida como artículo de fe por la Iglesia Romana, finalmente tuvo que ceder ante la presión de la
Santa Inquisición, y renegó públicamente de sus teorías científicas. Brecht no
se arredra al pintar a Galileo como un hombre capaz del plagio, si éste le
procura la manera de continuar sus investigaciones personales; capaz de negar
la evidencia científica, si esta negación le permite seguir comiendo unos años
más.
Lo presenta como el antagonismo del
“héroe” clásico o romántico, que habría preferido la muerte a negar lo que la
ciencia le había demostrado. “Pobre de la Humanidad, si necesita de héroes”,
exclama el Galileo de Brecht.
Es por eso que este
Galileo jamás pronuncia la famosa frase E pur si muove atribuida
a Galileo. Es muy posible y casi seguro que Galileo la haya pensado, pero la
Humanidad ha querido imaginar que la dijo, como una necesidad, en un esfuerzo
desesperado por justificar su debilidad al sabio pisano.
El Galileo que nos presenta Brecht es un “hombre”
no un héroe, con debilidades, con momentos geniales, capaz de equivocarse, o de
sacrificarse, capaz de dejarse llevar por arrebatos de valor o de echar marcha
atrás por miedo o cobardía. Capaz de amor paternal y de sacrificar la felicidad
de la hija; generoso y egoísta, en suma: un Galileo
grande y pequeño: un hombre.
Y así como Galileo se encontraba solo en
su época, en una sociedad que no lo comprendió; así, en esta representación, se
encontró solo Guillermo Orea en un escenario donde deambularon como cuarenta
actores.
Afirmar que salvo Guillermo Orea, todos
los demás eran malos actores, sería una falsedad, puesto que muchos de ellos han demostrado en otras ocasiones no
sólo que no son malos, sino que son buenos actores. Entonces ¿qué ocurrió? ¿A
qué atribuir la deficiencia global del espectáculo? No puedo ver más
responsable que Ignacio Retes, el director, pues a pesar de haber contado con
una escenografía excelente de Carlos Olachea -complementada
con proyecciones muy bellas-; a pesar de haber contado con la música de
Leonardo Velázquez -que recordaba las películas de Laurel y Hardy-; a pesar de haber tenido la colaboración de actores en
su mayoría poseedores de muchas cualidades; a pesar de todo esto, repito, su
representación queda como paradigma de lo que no se debe hacer en teatro. Como
por ejemplo: hacer una farsa de una obra en la que la farsa no tiene cabida.
Como no debe dejarse una escena pendiendo sólo del llanto de una mujer (escena
de la peste). Como no debe pasarse a la ligera sobre una obra de contenido
filosófico-político... etc. Realmente, Guillermo Orea, antihéroe en Galileo,
fue un héroe en poder salir adelante tan brillantemente, a pesar de todo...
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