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Se alza el telón

Malkah Rabell

Las damas de los jueves, en el Teatro Helénico

Comedia en un acto de Loleh Bellón, nombre que oigo por primera vez, y de quien nada dice el programa de mano, salvo de que es la suya "la comedia más premiada de Europa". Así que ni siquiera sabemos a qué país pertenece. En cambio nos aclaran que "la acción sucede en París en 1976", en esa maravillosa ciudad que fue alguna vez la reina del mundo occidental, la "Ciudad Luz", que ahora vive de los recuerdos, pero que sigue siendo la patria de todos los amantes de la inteligencia y el nuevo hogar de refugiados del mundo entero.

Las tres mujeres que edifican con sus vidas la comedia son Las damas de los jueves, que una vez por semana se reúnen en casa de alguna de ellas. Las tres son nacidas en París, pero de orígenes distintos: Sonia es hija de rusos, y cuando sus amigas le preguntan cómo reaccionó al llegar a Rusia en un reciente viaje, contesta: "Caí de rodillas y besé la santa tierra rusa, la tierra de mis ancestros". Su único hijo, Víctor, la llama aún mamusjka (madrecita). Elena, la hermana de Sonia, es mucho más francesa, no la imagino hincándose de rodillas para besar una tierra bendita. En cambio se halla enamorada de su hermano Juan ya fallecido, con un fuerte complejo de Edipo muy moderno. Su cuñada, María, es hija de un padre israelita, que durante la ocupación alemana se jugó la vida sin querer quitar París, y tenía que esconder la estrella amarilla que llevaba en la solapa para poder continuar su labor de médico...

Y así de breves detalles, de pequeños rasgos de carácter y de existencia que surgen como unos relámpagos en la memoria de cada una de ellas, se forma la obra en su totalidad, con una fuerte unidad. Los recuerdos son como un telón de fondo que nos explican el carácter de cada uno de los protagonistas.

En los tres papeles femeninos, Luz María Aguilar como Sonia, no sólo es bella sino excelente actriz. Igualmente excelentes son María Idalia comno la cuñada viuda, madre de dos hijos, y Manola Saavedra como Elena, la soltera de fuertes sentimientos incestuosos, que no tiene hijos porque no los desea, y es probablemente el carácter más interesante de los tres. Cada una crea un distinto carácter, su distinta manera de ser. Sonia con su "alma rusa" generosa hasta el exceso, que deja que su hijo único la despoje de sus pocas entradas, dejándola vivir en la miseria, en una casa vieja y destartalada; Elena más calculadora y objetiva; María más inteligente que sus dos cuñadas, también generosa pero con objetividad.

Bajo la dirección de Lorenzo de Rodas la obra de Loleh Bellón adquiere una atmósfera especial: miseria y generosidad que se aunan, y que subraya la escenografía de Humberto Figueroa, quien dio a su decorado los rasgos de una buhardilla de una casa vieja. También le dio mucha importancia a las luces, y cada vez que algún recuerdo toma cuerpo en el escenario se enciende un foco especial.

Las tres mujeres deben ya ser de edad avanzada, pero como las escenas de sus recuerdos del pasado las llevan a una época anterior, cuando eran más jóvenes, el director prefirió dejarlas con sus rostros actuales, mostrando sus edades anteriores por medio de la actuación. Los dos hombres, Antonio Algarra como el hijo de Sonia, y José Luis de la Vega como el hermano muerto, Juan, son actores todavía muy jóvenes, pero ya con bastante madurez en su interpretación.

En su totalidad la representación cuenta con una buena actuación debida en muchos detalles a la dirección de Lorenzo de Rodas, él mismo un excelente actor, con una iluminación y una escenografía muy correcta. En todos sus pormenores la puesta en escena fue bien cuidada, ágil dando vida a una atmósfera adaptada al carácter y a la vida de los personajes.

Parece que esas Damas de los jueves, no sólo tuvieron aceptación y premios en Europa. También en este continente y en especial en México el público llenó el teatro Helénico el domingo que asistí al espectáculo y aplaudió calurosamente este acto único que dura casi dos horas, pero que se hace corto.