Se alza el telón
Malkah Rabell
Los caracoles amorosos, de Hugo Argüelles
El joven director José Enrique Gorlero, que puso en escena la anterior obra de Hugo Argüelles: Los gallos salvajes, también escribió la introducción del presente programa de mano, el Programa de Los caracoles amorosos: "romance, bronca y misterio del burdel del cementerio". Hay que leer esta introducción desde el principio hasta el final para darse cuenta -con no pocas dificultades- que no se trata de un romance de amor, sino de una lucha entre toda clase de gusanos de mar y también terrestres. Esos caracoles amorosos forman un ejército de caballeros armados con sus casas a cuestas para enfrentarse a sus enemigos. No es fácil entender ni las explicaciones de Hugo Argüelles, ni los juegos que hace con ellas Gorlero en el párrafo del cierre del programa: "El autor por otra parte, siempre ha seleccionado a sus elencos, esta vez y con Producción de Anita Barberis y Javier Gallástegui, Pilar Pellicer, Manuel Ojeda y Lilia Aragón, cruzarán el cementerio para convertirse en esos personajes del mundo de Argüelles, que vibran festivamente entre el amor, la muerte y la magia..." Y aún más difícil es entender otro de los parráfos de Gorlero: "Calor insoportable del aliento, voluptuosidad de lápida, mármol ardiente. Sudor en los espejos, almas que arden, que profanan. Dulce oración carnal, devástanos, sácanos a calcinar bajo el sol del mediodía, dejanos acceder al dibujo laberíntico del caracol saliendo de su concha..." ¿Verdad lector-espectador que no has entendido nada de ese párrafo que tiene algo que ver con cementerios y caracoles? Me daría vergüenza darme cuenta y admitir que soy la única del público en no entender nada. Y por lo tanto voy a hacer un esfuerzo y explicar con mis propias palabras lo que yo misma pude comprender de la obra.
Al costado de un cementerio que se alza -inexplicablemente- al lado de un prostíbulo, al cual la dueña se niega a abandonar pase lo que pase. En frente del camposanto una casita abriga a una señorita mu solitaria y muy santurona, la que por descuido se dedica a hacer una gimnasia erótica consigo misma frente a una ventana abierta. Un visitante que sale del burdel sorprende las maniobras que ejerce ante la ventana la solitaria habitante, Arminda Retana. Parece mentira que con tan breve anécdota se logre obtener una prolongada historia bastante cómica.
La obra la forman los parlamentos que Aurelio, el indiscreto visitante del prostíbulo, sostiene con unos y otros de los protagonistas de la comedia, con la solitaria y santurona señorita, con la dueña del burdel doña Bruna, con los habitantes del pueblo, con el cura y hasta con el monaguillo. Todo ello no lleva a ninguna parte fuera de un encuentro amoroso entre Aurelio y Arminda Retano, que pese a los enojos terminan por caer en brazos uno del otro. Y ambos, en su búsqueda de un poquito de calor humano, por fin han encontrado una solución conveniente para los dos.
Hugo Argüelles no es un autor fácil. A menudo suele ser de una especial brillantez. Le gusta buscar dificultades de toda clase. Pero se me hace que de todas las obras de Argüelles ésta es la más difícil, entre su constante búsqueda del drama a la comedia, entre lo cómico y lo melancólico. Lo más interesante del drama es la interpretación de los protagonistas. Entre las figuras femeninas la más acorde con su personaje es Lilia Aragón en el papel de doña Bruna, la dueña del burdel, que la actriz interpreta con mucho temperamento. De las figuras masculinas sólo Manuel Ojeda demuestra mucha naturalidad. Sólo esos dos personajes llamaron la atención y fueron cálidamente aplaudidos. Algunos comentarios captados al vuelo entre el público, acusaban al director, Luis Francisco Escobedo de haber manejado con poco verosimilitud al grupo de prostitutas de un pueblo chico. Puede que las muchachas de vida alegre sean menos ruidosas en las aldeas que en la ciudad grande. No tengo mucha experiencia en este campo. En cuanto a la dirección de Luis Francisco Escobedo es la primera vez que tengo la oportunidad de presenciar su labor escénica, y no me entusiasmó.