Se alza el telón Malkah Rabell
El Cervantino en el D.F.
Grupo argentino de titiriteros ¡bravo!
El San Martín es un teatro municipal porteño, de Buenos Aires. Todo lo que tuve la oportunidad de presenciar bajo el signo de esa compañía -o de sus diversas compañías- ha sido excelente: tanto Pirandello como García Lorca, y ahora el grupo de Titiriteros creado desde 1977 cuando el teatro municipal decidió establecer un elenco permanente de titiriteros que, según dice el programa de mano: "servirá para difundir una disciplina artística poco transitada, pero con espíritu propio, rico en matices". Un teatro que no debe tener nada de especial para niños como suele ser su costumbre. ¡Un espectáculo para adultos con todo lo que puede interesar a éstos! Ahora el Grupo de Titiriteros del Teatro Municipal de San Martín, especializado, que aún no tiene nombre propio, está en México, llegado para tomar parte en el Festival Cervantino de Guanajuato.
Los títeres no son mi arte preferido. Tampoco confiaba mucho en la disciplina artística de los títeres de San Martín, no obstante que ya empezaba a difundirse de que se trataba de algo extraordinario. Y cuánta no fue mi sorpresa y mi alegría cuando ya desde la primera media hora de actuación los rumores se confirmaron. ¡Si!, tratábase de un espectáculo único, muy ajeno a lo que estamos acostumbrados a ver en este género; un espectáculo que aunaba las más diversas técnicas, algunas tradicionales, y otras desconocidas: muñecos con hilos desde arriba, o con varillas llamadas por los orientales "los bunrakus", títeres de guante y otros que constituyen verdaderas creaciones del grupo, como esos titiriteros en "mágica simbiosis" con su fantoche. Son titiriteros que llevan a sus muñecos suspendidos en el pecho y mueven a mano las cabezas de éstos. Para quienes no somos especializados en el juego de títeres, se nos hace muy difícil explicar con toda claridad las diversas técnicas en su específico lenguaje aplicado a los diversos tamaños que distinguen unos muñecos de otros.
Pero lo más llamativo de esas marionetas es que son como humanas, cubierta la cabeza con una máscara o con una cabeza de muñeco (lo que nos recuerda la manera sueca de cubrir al titiritero con los elementos de la marioneta hasta la mitad superior del cuerpo), pero los títeres argentinos van sostenidos por uno o por dos titiriteros que se encuentran detrás del fantoche, que hablan y cantan y mueven las diversas partes del muñeco así como sus máscaras. Y esos titiriteros no se esconden detrás de una máscara oscura o de un traje negro. Aquí no hay cámara negra, como en la Linterna Mágica checoslovaca. Aquí hay pura luz y diéciseis titiriteros que bailan, cantan y hacen reir a carcajadas, sobre todo cuando mueven y hacen bailar a esos pequeños diablillos en su ropa gauchesca y en sus bailes gauchescos tan masculinos casi como las danzas rusas, sobre todo las de los cosacos.
Los japoneses también han usado a títeres desde siglos. La idea que impulsó a un Gordon Graig a suspirar por muñecos y rechazar a los actores de carne y hueso tiene mucho de influencia japonesa, del teatro Kabuki.
El espectáculo de los argentinos se divide en dos partes. La primera bajo el título: El gran circo criollo, creada por diversos números cirqueros muy cómicos y divertidos, sobre todo esa escena del elefante que camina sobre una cuerda. La mayoría de los números son cantos y bailes gauchescos que no tienen unidad entre sí. Forman como una revista lírica, sin un argumento especial, pero con un tono muy nacional. El argumento aparece en la segunda parte, cuando el conjunto monta un "drama", el de la Vida, padecimientos y gloria,del gaucho Santo Morales que el programa de mano interpreta como: La hístoria y persecución de un hombre gaucho que lucha por su libertad, su china y su tierra.
Nuestro auditorio mexicano que salió entusiasmado del teatro del Bosque debería pedir al INBA que invitara al grupo de la república hermana a presentar otra vez su espectáculo durante una corta temporada en el D.F. Nos recuerda al éxito que tuvo hace unos años el maravilloso teatro de los títeres que mandó la URSS a Guanajuato con la obra Don Juan Tenorio que como este teatro de titiriteros argentinos nada tenía de infantil. Aunque en ambos casos pueden hacer la alegría de grandes y chicos.