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Se alza el telón Malkah Rabell

El Cervantino en el D.F. un teatro de poesía, el de Yakutia

Aunque uno no entiende ese extraño idioma de Yakutia, no importa, la poesía le entra por los ojos. Tampoco conocemos la mayoría a Chinguiz Aimatov, que Fernando de Ita en su introducción al programa de mano del teatro soviético de Yakutia, considera el "novelista más sólido de la URSS en los últimos años". Es un nombre que ya no se nos va a escapar y buscaremos algunas de sus obras traducidas al español como Dzamilia; Adiós Gulsari; o El cadalso que ya pertenece a los últimos tiempos, escrita en 1986, y que, vuelve a decir Fernando de Ita: "relato este último que se inscribe dentro de la apertura que se ha dado en aquel país respecto a la publicación de testimonios que anteriormente no se daban a conocer a la opinión pública".

La poesía de esta representación teatral -que el teatro de Yakutia ofreció en el D.F. en el teatro de El Bosque antes de dirigirse a Guanajuato al Festival Cervantino- empieza por el título: Mi costa anhelada. Título precioso, que ya da una idea de un mar helado cuya costa se pierde en lontananza. El espectáculo es una composición escénica basada en una novela de Chinguiz Aimatov, de título original; Perro pío corriendo al margen del mar, que nos relata la salida al mar de un grupo de pescadores del poblado perteneciente al clan de la Mujer pez. La salida de los pescadores en esta oportunidad se halla dedicada al muchacho de nombre Kiriks. En ese viaje la barca se queda a la deriva, inmovilizada, y rodeados de un mar salado los pescadores se mueren de sed y de hambre. O como dice el autor: "La alta mar aturdía a Kiriks. .. Se les aproximaba una pared blanca de bruma; se les acercó el rumor amenazante de una ola enorme.. . Toda la noche duró esta riña desigual entre viento y marea. Pero ellos resistieron. . . superaron a la naturaleza desencadenada".

Es muy difícil entender un drama teatral sin conocer su idioma. Y sin embargo sentados en la sala de El Bosque nada se nos escapaba.

Era extraño como todo lo que sucedía en el escenario se nos hacía comprensivo y hasta familiar. Es cierto que había en el foro un lenguaje plástico que ayudaba muchísimo al lenguaje dramático. Esa plasticidad nos venía de la escenografía estupenda en su simplicidad, de las luces, con esa barca en medio de las olas que subían y bajaban. Lástima que el nombre del escenográfo no figura en el programa de mano. Esta escenografía me recordaba algunas realizaciones realistas que describía el gran actor mexicano Gómez de la Vega en su libro: El teatro en la URSS... De las supuestas olas que se nos hacían auténticas el director de escena, Andrey Borisov, dice: "La gente de la bahía del cerro Perro Pío vio a Kirisk regresando a su poblado. No importaba si caminaba por el mar o por el suelo. El regresaba."

Tampoco importaba si el mismo director escénico Andrey Borisov caminaba por el mar o por el suelo del escenario. Ese mar con sus olas realizadas a manera de cuento poético, se alzaban y bajaban, mientras el director escénico caminaba entre ellas explicando la narración novelesca. Lo que no dejaba de recordar las imposiciones de Tadeusz Kantor, el director polaco que tan popular se hizo entre nosotros. La influencia de Kantor parecía haber impuesto un embrujo al director soviético, y a veces hasta parecía exagerada. Y ese embrujamiento Borisov lo subraya con golpes de un tambor.

Los actores no son muchos. Una media docena que interpreta los papeles más importantes, y aunque no entendíamos su idioma, nos dabamos cuenta que son excelentes. Sobre todo llamaba la atención el joven actor que interpretaba el papel de Kiriks. En cuanto a los demás sus parlamentos a veces nos parecían demasiado largos. Entonces me imaginé que este idioma tan desconocido para nosotros, debe usar muchas palabras hasta para las ideas cortas. Y probablemente el abultamiento de palabras producían el efecto de alargamiento de los parlamentos.

Un espectáculo precioso, tal vez por su misma sencillez, que nos explica de una manera más exacta la vida y el alma de esos habitantes de Yakutia, tierra de la cual lamentablemente tan poco sabemos, pero que ya crea en nosotros una curiosidad muy aguda, que nos obligará a buscar los libros de Chinguiz Aimatov en español o en otro idioma más accesible, y hasta libros de geografía e historia acerca del país, de la tierra y de la gente de Yakutia.