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Se alza el telón

Malkah Rabell

Sola en la oscuridad un drama policiaco

Como la mayoría de los "dramas", o de las novelas policiacas (dramas hay poco de este género), tampoco Sola en la oscuridad se entiende muy bien. Sin embargo el público que el domingo 4 de septiembre asistió al espectáculo en el teatro San Ángel -nueva sala que viene a agregarse a los espacios teatrales ya conocidos-, siguió el drama de la obra de Frederick Knott con mucho interés, y al finalizar la pieza compensó a los actores con un caluroso aplauso. Por lo general me divierten las novelas del género policial porque no me obligan a buscar al culpable en una especie de juego de ajedrez. De Sola en la oscuridad no entendí nada, pero encontré al culpable sin necesidad de buscarlo. Saltaba a la vista. Terminé por despreocuparme del asunto criminal para seguir simplemente la interpretación de los actores, que resultaba excelente. Sobre todo apasionaba la actuación de Alma Muriel en su papel de ciega, que pese a su falta de vista logra salvar su propia vida y obligar al asesino a confesar su culpa. El autor descubrió una nueva manera de mover la intriga. Frente al asesino que está acostumbrado a la luz para mover su juego criminal, se encuentra una ciega que puede defenderse en las tinieblas. Y la defensa de Susy Hendrix depende por completo del uso de las tinieblas para dejar al asesino en estado de inferioridad.

Desde luego, cuando nos enfrentamos a una novela policial, las partes que nos resultan oscuras, las podemos volver a leer. Nada de ello es posible en el teatro, frente a un drama policíaco. La rapidez de los parlamentos nos deja a menudo con muchas dudas, que no tenemos medio de aclarar. El ritmo de la representación resulta excelente, pero nos exige una excesiva rapidez del pensamiento y del oído para captar el significado de la intriga. En general nos deja sin aliento en esa doble carrera: oído y vista frente a unas partes orales infinitamente

más rápidos. En algunos países los responsables por los espectáculos envían los textos de las piezas a los críticos, quienes llegan a la representación ya con un 50% de preparación. El día que tal costumbre se haga general, la crítica tendrá de su lado una gran ventaja, que a su vez redundará en beneficio de los actores.

La dirección de Rafael López Miarnau, encontró un ritmo perfecto. No había ni un momento de aburrimiento, aunque el primer acto es de mucho el más débil y corría el riesgo de "colgarse". El auditorio se entusiasmó y se "calentó" apenas el segundo acto, cuando Alma Muriel como Susy Hendrix, la invidente, tiene su gran escena dramática con el criminal, que deja palpitante de emoción a la mayoría del público, Alma Muriel nos volvió a demostrar que es una gran actriz que sabe cambiar de personaje en cada nueva obra. La manera de ser de una invidente le dió la posibilidad de crear un carácter. Se comprendía muy bien por qué el programa de mano agregaba: "Agradecemos la colaboración del Instituto Nacional para la Rehabilitación de Niños Ciegos, DIF". Probablemente el realismo de la interpretación de Alma Muriel en cierta medida se deba a las explicaciones y a la ayuda de los directores de este Instituto.

A su vez la interpretación de Carlos Bracho, cuya presencia en el escenario de San Ángel nos alegra infinitamente, es muy sugestiva, aun cuando no acertamos muy bien a explicarnos si es un criminal o un policía. Es tan simpático como actor que hace simpática la personalidad de Mike Talman. Desde luego, la personalidad de Carlos Cámara como villano debe ser antipática y el excelente intérprete lo logra con todo realismo. Los demás personajes son secundarios y no llaman mucho la atención, salvo la niña que interpretan dos menores que se alternan; la noche cuando estuve en la sala, en el escenario, creo, actuaba Ayerim de la Peña, que ya es una actricilla madura y en el papel de Gloria alterna con Jessica Gilbert.

La escenografía y la iluminación, ésta última muy importante por razones de la actuación de la invidente con el ganster, se deben a Laura Rode, aún poco conocida en el mundo teatral, pero que logra imprimir a su escenografía mucha ambientación.