Auschwitz. . . nunca jamás de Dunia Wasserstrom
Un numeroso grupo de sobrevivientes de los sanguinarios campos de concentración europeos se encuentra en México, país del cual hicieron su segunda patria. Entre ellos, una mujer que logró sobrevivir a tres años de martirio en uno de los más famosos por su crueldad campo de exterminio, el de Auschwitz, Dunia Wasserstrom, tomó sobre sí la tarea de dejar el testimonio de lo que los hombres son capaces de hacer, pese a siglos de civilización y a siglos de cristianismo: "Amaos los unos a los otros" dijo Cristo, a lo que respondió la educación hitleriana: "Mataos los unos a los otros...y háganlo de la manera más cruel". Y la naturaleza humana es todavía tan primitiva que unos años de semejantes teorías borraron muy de prisa los siglos de cristianismo. Dunia se salvó porque hablaba cinco idiomas a la perfección y resultó muy útil en las oficinas del "Laguer". Esta milagrosa salvación persuadió a Dunia que si Dios le permitió vivir debe ser por alguna razón. Tal vez para que ella impidiera el olvido de tantas víctimas inocentes. En su autobiografía: Nunca...jamás narra de una manera clara y vivaz, en un perfecto español y en un perfecto estilo literario, esos años de martirio cuando cada día, y aún más cada hora, de sobrevivencia, resultaba un milagro.
Esta obra autobiográfica encontró a un escritor mexicano de 23 años, José Martín Rivas, lo que resultó, podemos decirlo con cierto viso de realidad, otro milagro. José Martín Rivas desconocía a la autora de ese libro que cayó entre sus manos por un completo azar, y tanto lo impresionó que durante un año y medio estuvo trabajando en su adaptación teatral. ¿Cómo llegó a saber que Dunia vive en nuestro propio país? ¿Cómo llegó en general a enterarse que ese libro lo escribió una persona aún viva, cuando él la suponía ya fallecida desde mucho tiempo? Lo ignoro. No sé cómo lograron encontrarse, y cómo Martín Rivas consiguió para sus representaciones la inmensa sala dedicada a actos de masas en el IPN en Zacatenco. Actualmente durante cada viernes del mes de julio se presentó en la sala del Auditorio Ing. Alejo Peralta, la obra teatral: Auschwitz... nunca...jamás adaptada por un joven mexicano de extraña e interesante personalidad, José Martín Rivas.
La volummosa obra de Dunia Wasserstrom Nunca... jamás tuvo desde luego reducida a su menor expresión. Para llevar al escenario la imagen de un campo de concentración más hace falta una pantalla cinematográfica que el resumen literario. A menudo Martín Rivas detiene su adaptación en la personalidad de la autora, en su vida dentro y fuera del campo de exterminio, en tanto, el reflejo de un "Laguer" en todo su horror pasa a segundo plano. Con su muy reducido grupo de jóvenes actores aficionados creó una serie de episodios que en su conjunto nos da el reflejo de tres años de martirio. El montaje casi no tiene escenografía aunque el director usa todos los mecanismos escénicos y los pocos elementos del escenario han sido creados por un trabajo colectivo. Con medios tan modestos resulta imposible reflejar el inmenso infierno que fue Auschwitz, pero el muy joven adaptador y director de escena muy inteligentemente dirigióse sobre todo a un auditorio igualmente juvenil que nada sabia de la existencia de semejantes campos. En un debate que se suscitó al finalizar la representación, los numerosos espectadores, en esa inmensa sala que estaba llena a reventar, repetían casi todos ellos que es la primera vez que se enfrentan a tal imagen de la historia, que ignoraban hasta la fecha la existencia de tales infiernos. Sabemos muy bien que hasta existe gente con cultura que niegan la existencia de tales campos y de todo lo que en ellos sucedían.
Las dos unicas intérpretes que ya tienen cierta leve experiencia en el trabajo teatral son Sally García y Rosario Bongueno, madre e hija que intrepretan respectivamente a Dunia en su juventud de cuando se encontraba presa en Auschwitz, y a Dunia la escritora actual que entre uno y otro episodio lee fragmentos del libro de Dunia con un acento raro que debe reflejar a la auténtica autora que habla en la vida real un perfecto español y no tiene acento extranjerizante. Le aconsejaríamos al joven director que suprima ese inutil acento que sólo nos dificulta entender con toda claridad la lectura de la Sra. Rosario de García.
Después de ver la representación, sería recomendable que los jóvenes espectadores leyeran el libro: Nunca...jamás, un nunca, jamás a la existencia de los campos de exterminio, de los ghettos, de las prisiones para detenidos políticos tanto en Europa como en el mundo entero.