Se alza el telón
Malkah Rabell
Severa vigilancia y la
trastornada personalidad de Genet
Severa vigilancia fue la primera obra teatral que escribió Jean Genet. Para el escritor francés, que pasó la mayor parte de su vida en las cárceles de distintos países, existe un rígido orden entre los presos. En Severa vigilancia aquél que ocupa la cima de la escala se halla invisible, fuera del escenario. Es "Bola de Nieve", un negro condenado por asesinato. Los ocupantes de la celda donde se desarrolla la acción teatral, consideran a Bola de Nieve como su glorioso ídolo. Son tres a ocupar la celda: "Ojos Verdes" también es asesino, pero de menor rango que Bola de Nieve, ya que éste mata por dinero, en cambio Ojos Verdes es tan sólo un ladrón que mató a una prostituta en un acceso de furia. Los otros dos son igualmente ladrones, aunque Julio ya es un hombre maduro, en tanto Mauricio apenas tiene diecisiete años. El argumento de la obra gira en torno de las relaciones de los tres prisioneros. Mauricio adora a Ojos Verdes, quien sabe que será condenado por asesinato y probablemente guillotinado. Esto le da una condición de superioridad sobre sus dos compañeros de celda. Lo extraño del drama es el final, que coloca a Julio, que comete un homicidio, en condiciones de igualdad humana con Ojos Verdes.
La obra de Genet se distingue de cualquier otro melodrama en su amoralidad que es para su autor un rasgo de orgullo. Ladrón, homosexual, falsificador de dinero, a veces asesino, Genet, hijo adoptivo de unos campesinos franceses, abandonado por una madre desconocida, el autor de Severa vigilancia acepta su papel de hombre fuera de la ley, y hace todo lo posible para llamar la atención sobre sus actos criminales. O como dice Jean-Paul Sartré en su libro: San Genet: "...infectándonos con su mal, Genet se libera. Cada uno de sus libros es un tema de postura catártica, un psicodrama... Por cada una de sus obras ese poseso se vuelve un poco más dueño del demonio que lo posee. Diez años de literatura le valen más que una curación de psicoanálisis".
Una persona del público me preguntó: -¿Por qué mató a su compañero?
Traté de contestar tal vez con excesiva sencillez: -Porque quiso subir en la escala de valores en una cárcel.
Ya no ser un despreciable ladronzuelo, sino un honorable homicida.
-Realmente no me cabe en la mente. .. —contestó mi interlocutora.
Y yo pensé que lo que no me cabe en la mente es la importancia que le da nuestra enferma sociedad a la trastornada personalidad de Genet.
En el teatro Roma, bajo la dirección de Humberto Zurita -para quien, creo, es la primera puesta en escena- tres jóvenes actores, a quienes nunca he visto actuar con anterioridad: Rafael Rojas, como "Ojos Verdes"; Guillermo García Cantú, como Julio; y Armando Araiza como Mauricio, han dado una interpretación muy convincente, con mucha naturalidad, Como muy jóvenes actores no les faltaba temperamento para trepar por las rejas que separaban el escenario de la sala. Muchos de sus parlamentos cada uno los pronuncia colgado de las rejas, como hombres-monos. Los tres eran dueños de una clara dicción, pero sin grandes alturas dramáticas; los tres más o menos ofrecieron la misma calidad a la interpretación de sus protagonistas.
En una anterior versión de la misma obra que puede apreciar hace unos veinte años, o más, la pieza de Jean Genet, bajo la dirección de Ludwik Margules, contó con una espléndida escenografía de Alejandro Luna. La actual escenografía de Gabriel Pascal no llega a tantas sugestiones, pero en cambio resulta más funcional y da la oportunidad al director de manejar a su reparto con mayor agilidad y mayor movimiento dramático.