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Se alza el telón

Malkah Rabell

Pastel de Zarzamora de Jesús González Dávila

El constante cambio de repertorio en La Gruta, espacio teatral creado para Grupos Independientes por el dinámico productor Fernando de Prado en el jardín del Teatro Helénico, nos permite asistir cada semana a una nueva puesta en escena. Todos esos grupos se presentarán el día 10 de junio para tomar parte en una premiación del mejor grupo, mejor actor y actriz, mejor director y el mejor autor nacional. Estas premiaciones se repetirán cada semestre.

Desde su fundación he podido presenciar en La Gruta cuatro obras muy bien elegidas por los sendos grupos. Empecé por ver La importancia de llamarse Ernesto, la deliciosa comedia de Oscar Wilde, y mi última visita, el domingo 8 de mayo, vi una obra de autor nacional, el desgarrador drama Pastel de zarzamora, de Jesús González Dávila.

Autor que se inició hace unas dos décadas, con una obra sobre el movimiento estudiantil en 1968: Fábrica de juguetes, Jesús González Dávila ha sido redescubierto con el segundo boom- teatral mexicano de los últimos años, y ya hemos presenciado no pocas obras suyas, tales como: El jardín de las delicias; La avenida Amsterdam; y sobre todo De la calle que bajo la dirección de Julio Castillo está presentada en el Teatro del Bosque por la Compañía Nacional de Teatro.

Ya en La avenida Amsterdam el autor abordaba el problema del homosexualismo. Pero en la presente obra, el dramaturgo ahonda mucho más en semejante problema y en la responsabilidad de los padres, sobre todo del padre, el macho que en su casa se siete todopoderoso, que destroza la vida de toda la familia, esposa e hijos. Cuando la pieza se inicia de los tres hijos sólo queda en casa uno solo. El mayor de los varones se halla recluido en un sanatorio de enfermos mentales; la única hija desapareció, y el padre se empeña en destrozar la vida del último vástago, René, un hijo que se atreve a elegir el camino del hornosexualismo. Una condición que avergüenza al padre, quien odia a René por su debilidad y por ser el hijo consentido de la madre; el "nene", como irónicamente lo llama su progenitor. Y este padre, en su "machismo" no se da cuenta que él mismo es el más culpable del homosexualismo de su hijo. Hay escenas que son desgarradoras tanto por su violencia como por su realismo que enfrenta a hijo y padre.

La obra es corta, en un solo acto. Se suele decir que una buena obra corta es doblemente buena. Lo que nos parece en el presente caso muy justificado. Mas, no obstante su brevedad, con una hora y media de duración, es difícil de llevar a escena y difícil de representar para los actores. De los cuatro personajes sobre todo dos, el padre Reynaldo y la madre Rosaura, han sido excelentes. Guadalupe Cázares como la esposa, ha sido de una madurez interpretativa que se hace bastante extraño encontrar fuera de las filas de los actores profesionales. Lástima que algunas veces bajaba demasiado la voz, lo que nos desesperaba, porque deseábamos oír cada palabra de ese extraño personaje que parece -igual que el hijo mayor- haber traspasado el límite de la normalidad psíquica y cae a menudo en un estado de desvariación. Sobre todo estaba muy bien cuando habla de la avecilla que se le escapó de la jaula. me parece que tanto el autor como la intérprete trataban de subrayar la semejanza de una jaula con la cárcel familiar. En el extravertido papel del padre Salvador Najar logra dar una impresionante imagen del macho mexicano, dueño y señor de su casa y de su familia. El director de escena, Alejandro Ainslie, ha sido capaz de darle a esta pareja la más exacta de las ayudas dramáticas. Jorge Marín, como René el homosexual, no llega aún a tener la misma madurez de actuación que se destaca en los dos actores anteriormente citados. El cuarteto lo cierra Gonzalo Kiss, como el amigo de René, un papel no muy amplio, pero muy bien adaptado a la personalidad de ese joven comediante.

En cuanto a la escenografía, de Leo Otero, logra cumplir con la difícil tarea de diseñar varias áreas de actuación en el minúsculo escenario de La Gruta.

Bajo la dirección de Alejandro Ainslie, el Grupo sin querer supo imponer el dramatismo de un drama muy mexicano.