Se alza el telón
Malkah Rabell
Los nuevos grupos independientes de México
Creo que nunca en México -ni siquiera en las épocas del mayor brillo del teatro nacional- hubo tantos grupos y grupitos, parejas y hasta actores solitarios, independientes, aficionados, que suben al escenario con o sin capacidad para la creación escénica, como actualmente. Cuando vemos cuantas nuevas salas y salitas, casas particulares y domicilios dedicados en sus principios a muy distintas actividades han sido adaptadas para nuevas compañías que apenas empiezan a hacer sus primeros pininos, nos preguntamos extrañados ¿pero de dónde han salido todos estos nuevos candidatos al arte teatral? ¿Cómo es posible que precisamente en esta época de tanta crisis económica aparezcan tantas compañías absolutamente desconocidas? Surgen y se multiplican como hongos después de una temporada de lluvia. Más aún, en lugar de reunirse diversos grupos o simplemente diversos enamorados del arte teatral, y juntar sus esfuerzos, todo el mundo anda buscando los aplausos por sus propios medios. Y lo que más me parece que hace falta es un organizador que supiera reunir todos esos elementos dispersos, indisciplinados y engreídos convencidos de su propia genialidad, a quienes ningún director profesional hace falta. Un organizador con mano de hierro y mente de poeta.
Desde luego, por fortuna, he visto entre los grupos recién aparecidos, algunos con talento, con cierta preparación y con inquietudes para buscar textos valiosos. Por ejemplo tuve la oportunidad de presenciar dos espectáculos en el teatro La Gruta -que ha puesto al servicio de los grupos independientes, Fernando de Prado con sus propios esfuerzos económicos-, la bella comedia de Oscar Wilde: La importancia de llamarse Ernesto, con el grupo Arte Teatral, y el desgarrador drama de Camus Los justos con el grupo Skene. También he visto en el Foro de la Conchita dos actores absolutamente desconocidos pero con no poca capacidad artística, en una obra de mucha fuerza dramática de Juan Carlos Gené: Se acabó la diversión, con dirección de Gregorio Reséndiz. Pero por estas pocas perlas ¡cuanta basura!
Lo último que he visto en una sala tan atrayente como el Polyforum Siqueiros aunque una sola vez por semana, fue el espectáculo dirigido por Darío Pie, bajo el título de La occisa (qué título tan feo), que se anuncia como Vida y muerte de Lucha Reyes. Cuando un grupo independiente monta un espectáculo y busca por lo menos una obra de autor conocido o desconocido, pero valiosa, ya tiene el 50% de ganado. Un buen texto es siempre una gran ayuda para todo espectáculo, ya profesional, ya aficionado. En el caso de esta Occisa, los textos son anunciados como de Alfonso Morales, no tienen el menor valor. Me imagino que los han preparado especialmente para dar la oportunidad a la señorita Astrid Hadad de cantar. Es cierto que esta joven actriz tiene una hermosa voz y con el tiempo, y con muchos y serios estudios, podrá conquistar el escenario y el público. Pero montar un espectáculo sin obra, sin textos convenientes, es una audacia que no siempre tiene compensación como lo imaginan los audaces). Esos jóvenes actores que apenas se inician ponen como leitmotiv: "O Luz... levántate y Lucha". Pero creo que si Lucha Reyes se levantara, estaría indignada por tan poca responsabilidad con la cual aprovechan su nombre para montar un espectáculo. Tampoco los demás elementos de los cuales hace gala el reducido grupo tiene mucho poder de atracción. Hay tres músicos que tocan en vivo. La señorita Astrid Hadad todavía ni es bastante cantante ni tampoco suficiente actriz para interpretar a Lucha Reyes. En cuanto a Francisco Franco que representa el único papel masculino no tiene bastante tablas, por lo menos no tiene "buenas" tablas, para tratar de acaparar el escenario con. una comicidad bastante molesta.
No me siento con derecho de dar consejos. Pero un consejo que puede darle cualquier gente de teatro es nunca subir al escenario sin una buena obra que puede hacer perdonar muchas debilidades. Y segundo consejo que puede sugerirle cualquier teatrista es: ¡sean modestos!