diorama teatral
hasta lo circense
con "stabile
di genova"
por mara reyes
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EL Teatro Stabile di Genova que ha venido a México, cuenta desde 1962 con tres
salas genovesas, tres compañías estables e instalaciones numerosas, como la escuela
de recitación, el laboratorio de escenografía, el centro de estudios teatrales,
una biblioteca especializada y un museo teatral.
Además de los elencos de sus compañías, que suman actores por
decenas, colaboran en ellas numerosos técnicos y artistas que reciben el apoyo
de un público que concurre asiduamente a sus espectáculos. Entre ese público
-que en una sola temporada llegó 31,750 personas en Génova-, están incluidos
18,286 abonados.
Si se observa que esta solidez económica y artística ha sido
alcanzada en sólo 15 temporadas anuales (a diferencia de otras compañías, como
la Comédie Française,
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que tiene siglos de vida) apreciaremos lo que
significa que en sólo 15 años haya dado cuatro mil representaciones dentro y
fuera de Génova, dentro y fuera de Italia.
La obra puesta en México -y que se repetirá a lo largo de toda
la gira por América -desde Canadá hasta Argentina- fue I due gemelli veneziani (Los
dos gemelos venecianos) de Carlo Goldoni,
dirigida por Luigi Squarzina, hombre de teatro de
variados talentos, como director, organizador y autor.
Squarzina fundó con Vittorio Gassman,
en 1952, el Teatro d'Arte Italiano. Fue también el
primer director de la Compagnia dei Giovani y desde 1962 director artístico, junto con
Ivo Chesa, del Teatro Stabile di Genova.
Como director de escena ha representado La
danza de la muerte de Strindberg,
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Troilo y Crésida de Shakespeare, Llega
el hombre del hielo de O'Neill, No se sabe cómo de Pirandello y una obra suya Emeti, entre
otras.
La característica de su puesta en escena de Los dos gemelos venecianos es la
colocación de la técnica histriónica como fin y meta del espectáculo. El
virtuosismo de su primer actor, Alberto Lionello, es
de un perfeccionismo que raya en la magia. Lo que a mi juicio destaca del
montaje es el rompimiento que hace Squarzina de los
moldes clásicos, al producir ciertos efectos de “distanciamiento” a la manera brechtiana,
que estrechan los lazos entre público y actores. La obra fue tomada por el
director para trabajar con ella experimentalmente y el alarde llega en
ocasiones a lo circense, al malabarismo, a la prestidigitación.
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