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Se alza el telón

Malkah Rabell

Mirada retrospectiva sobre el año teatral en México

Este extraño año que hemos vivido, un año de colores, sufrimientos, constante pérdida de valores en todos los campos, se reflejo perfectamente en el área del arte teatral. Y cuando digo arte teatral lo pienso así porque no sólo fueron dificultades económicas. Parecía que la fuerza artística de los acreedores escénicos había disminuido, que todas las dificultades de la economía caían con su peso sobre los talentos de nuestros teatristas. No podemos decir que de nuestra escena habían huido todos los talentos. No, nada de tal se puede afirmar, pero sus aportes habían disminuido, perdido brillo y parecían como si inutilmente buscaban un nuevo aliento.

Y sin embargo, pese a todas las neblinas, a todas las oscuridades que se dejaron caer sobre nuestras vidas, el teatro siguió vivo, las representaciones teatrales eran numerosas, tal vez mas que nunca, y a nosotros,los espectadores, nos dejaban a menudo mareados, incapaces de asimilar todo, no muy seguros si tales y tales espectáculos se nos presentaron en 1987, o Dios sabe si no fue en el 1986, o hasta en 1985. Pero hasta en semejante caótica situación, no faltaron talentos; algunos ya maduros, ya llenos de la savía de pasadas creaciones, y otros más jóvenes o muy jóvenes, que nos dejaron sorprendidos y felices al mismo tiempo.

Es raro que de repente aparezca en el escenario un nuevo actor ya maduro pese a su juventud y que promete mucho. Ese fue el caso de Mario Iván Martínez que se presentó en el escenario recientemente calentado del Foro Shakespeare, en un espectáculo de una sola persona. Quizá no podemos llamarlo monólogo porque el uniacto no tenía casi unidad. Se trataba de un joven actor que no logra encontrar trabajo, pese a haber llegado de Inglaterra donde sostuvo una larga temporada de aprendizaje, de estudios interpretativos. Le han prometido una sesión dramática con obras de Shakespeare -lo que da el título a la pieza: A la manera de Shakespeare- pero no le prometieron alguna obra en especial. Este "casi" monologo se debe a otra joven creadora: Susana Wein, y da toda la impresión de haber sido realizado para las posibilidades creativas y hasta para la propia historia del joven intérprete. Ya que también él llega de Inglaterra después de un largo aprendizaje. En el monólogo el joven actor, como ignora cual será el cuestionario del examen, somete su memoria a todos los parlamentos de los personajes shakesperianos que puede recordar. Y Mario Ivan Martínez lo hace admirablemente: prosa, verso y hasta canto conquistan al espectador. Indudablemente se hace merecedor al premio de revelación.

Dos actrices no tan jóvenes corno Ivan Martínez, pero dotadas de igual temperamento dramático que ya han demostrado en otras multiples creaciones dramáticas, son Marta Zamora y Silvia

Caos. En la obra de otra personalidad femenina, Adela Fernandez, que lleva como título: La tercera soledad, traen a escena a dos figuras femeninas antiguas actrices de cine, que después de una vida de lucha por el éxito, terminan por el fracaso más espantoso: el de la vejez acompañado por la pobreza y la soledad. Marta Zamora crea su personaje no sólo con la voz sino con todo el cuerpo que a veces se antoja una serpiente. Y Silvia Caos da una imagen muy real y convincente de una persona encerrada en su dolor y en su "tercera soledad". Tal vez sean las actrices que en este 1987 más merecedoras se hicieron al premio a la mejor actuación femenina del año.

Un actor que desde hace algún tiempo se halla ausente del escenario mexicano tal vez para ocupar ese lugar en el cinema, es Narciso Busquets quien en el papel de Joe Keller del drama de Arthur Miller: Todos eran mis hijos, vuelve a nuestro foro dramático con la misma fascinación que tenía cuando era uno de los-primeros actores del teatro mexicano. No es necesario hablar mucho de Narciso Busquets, todo México lo conoce, simplemente fue el mejor actor masculino del año teatral de México.

Otro actor que llamó mucho la atención en el presente año fue un muy joven intérprete que participó en la misma obra de Arthur Miller: Todos eran mis hijos. Así como Busquets es un veterano, así este joven actor, Oscar Bonfiglio es casi un principiante, y actuó con una madurez y una naturalidad de un actor digno de ser galardoneado; desde luego con el premio de la coactuación.

En Todos eran mis hijos cerró este trío de excelentes actores María Eugenia Rios en el papel de la madre y de la esposa de Joe Keller.

Otras dos actrices, Selma Baraud y Susana Robles, han demostrado brillantes dotes de actuación en el drama de Mario Benedetti: Pedro y el capitán que se presentó en una casa particular transformada, bajo el nombre de Ibsen, en un teatro de nuevas facetas. Las dos actrices, de origen universitario ambas, y Selma Beraud del equipo del maestro Héctor Azar, interpretaron a dos hombres, Pedro el torturado y el capitán el torturador, y lo hicieron con tal arte dramático que muy pronto pudimos olvidarnos que los dos personajes masculinos estaban interpretados por dos mujeres, por dos excelentes actrices.

También había en los repartos del presente año teatral más de un buen actor, y no pocos que supieron dar a sus interpretaciones brillo y veracidad. Pero menos que en otros años. En la multitud de espectáculos algunos no pocos,-se han eclipsado de mi memoria.

(Continuará)