Teatro Milán. Autor, Rafael
Solana. Dirección, J. Antonio Brillas. Escenografía, David Antón. Reparto: Ada Croner, Lupe Rivas Cacho, Aurora del Moral,
J. Antonio Brillas, Jorge Mateos y Gonzalo Correa.
No acostumbro salirme de las funciones teatrales antes de que den fin. No
obstante, en esta ocasión abandoné la sala al caer el primer telón. No por la
trivialidad del tema, pues ya el título es como el avance de que la obra no
rebasará la frontera de lo banal, sino porque me parece que la obra de un
comediógrafo debe tener un mínimo de calidad literaria, y si ese mínimo apareció
después de alzarse por segunda vez el telón, la espera se me hizo demasiado
prolongada.
Todo este
primer acto (o prólogo según lo denomina el autor), encierra una sola idea o
resorte para el desenvolvimiento de la trama: el que los maridos se ponen en
huelga de sus funciones como “maridos” con objeto de lograr que sus respectivas
esposas no los abandonen por la canasta uruguaya, ni les den salchichas los
días que les toca jugar, ni los dejen cuidando al perro y a los niños... ¡Qué
tema tan importante para la dramaturgia! En fin, admito que cualquier tema es
bueno, siempre y cuando se trate con ingenio, pero aquí, Solana no hizo ninguna
gala de él. En vista de que el enunciado del tema le llevaba tan poco tiempo,
se dedicó a repetir lo mismo una y otra vez y a rellenar los espacios entre
cada repetición con gags y
chistosadas nada graciosas, pues tal parece que para Solana lo importante
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