Héctor Bonilla despide el año 1987
Malkah Rabell
Manera original encontró Héctor Bonilla para despedirse de un año triunfante de trabajo creativo en las más múltiples facetas artísticas, así como de todos sus "cuates". Lo hizo a la manera de un actor. Vale decir: actuando. En la salita de la Sociedad General de Escritores de México, el SOGEM, que lleva el nombre de un escritor fallecido: Wilberto Cantón, Héctor Bonilla invitó a todos sus "cuates" a quienes logró reunir sentado ante el teléfono durante algunas horas. Eran en número bastante reducido, pero no faltó ninguno de los que logró alcanzar a través del hilo telefónico. ¿Treinta?...¿Cuarenta?... Tal vez. Ya no recuerdo qué nos dijo al llamarnos. Pero bastó oir su voz, tan cálida, tan llena de humana ternura. "Malkita, no la invito como crítica, sino porque es mi cuatita". La palabra que me hizo reír y me emocionó. La invitación era para una o dos horas más tarde. Y allí estábamos todos reunidos a la hora exacta. Todos atraídos por esa manera mágica y sencilla de imponer su amistad, de imponer su personalidad ajena a cualquier edad. De Héctor solemos decir: "Ya no es un chiquilín... ya no es un muchacho joven..." Pero somos incapaces de decir la edad que tiene... incapaces de imponer una edad determinada a ese rostro juvenil, a esa manera juvenil de caminar, de charlar, de hacer ciertos gestos con las manos, y sobre todo con los ojos, mirar de cierta manera picaresca, sonriente, o como extrañado. No, Héctor no tiene edad. Hay una eterna juventud cálida, llena de amor, de entusiasmo, de fe, en toda su persona, que parece abrazarnos a todos, que parece reunirnos a todos, que parece reunirnos a todos en un gran abrazo lleno de infinito amor.
Y allí está Héctor Bonilla en el escenario. Se va a despedir de todos nosotros y del año en el cual creó Barnum, con una obra de Antón Chejov, con un corto monólogo: El daño que hace el tabaco, o algo por el estilo. Ya no recuerdo muy bien el título. Pero Héctor este actor de eterna juventud, aparece como un anciano. Y lo logra con muy poco, poquísimo trucaje. Una peluca apenas insinua la falta de cabello propio. Alguno que otro rasgo subrayado. Alguno que otro movimiento de la espalda, o de los pies que se van arrastrando, y ahí está el personaje entero, realizado con su propia veracidad.
Un anciano a quien su esposa llama: espantapájaro. Y lo es. Y no se sabe muy bien cómo lo logra. Durante media hora, el actor en el foro, transformado en anciano, nos cuenta sus penas. Y el monólogo se nos nace excesivamente corto. Con gusto lo hubiésemos escuchado otra media hora más por lo menos. El monólogo finaliza. El telón baja y tenemos unos 15 minutos para comentar la transformación en hombre de edad avanzada de este actor a quien estamos acostumbrados a ver de joven en la mayoría de sus pepeles. La luz se apaga en la sala y se enciende en el foro. El intérprete reaparece. Mas esta vez con su cara desnuda y juvenil. Esa segunda parte está dedicada a cantar todos los numeros musicales que Bonilla reunió en un disco llamado: Pa' los cuates, donde Bonilla mezcla sus propios textos con los de otros autores, así como su propia música con la de otros músicos. Un disco nada comercial, pero muy íntimo, no sólo para los cuates sino para muchos curiosos amantes de novedades. Las canciones son cortas y el músico-cantante las dedica a muchas personalidades. Desde el general Lázaro Cárdenas hasta Dulcinea... Otra vez; las dedica a México, a Panamá, así como a su esposa, canción muy especial llamada: Tu filo...sofía. La canción Paloma, con letra de Rosario Castellanos está dedicada a su hija. Antes de iniciar cada canción, Héctor Bonilla relata su historia, como ha nacido y se ha desarrollado en su imaginación. Bonilla no tiene mucha voz, pero tiene una manera encantadora de casi recitar. Les dedica a sus canciones-recitaciones más de una hora.
Se veía que al intérprete dramático le encantaba transformarse en intérprete musical. El público no se cansaba de pedir más y más canciones. Y el actor no se cansaba de responder positivamente a su auditorio. Esos discos cantados con letra y música en su mayoría de Bonilla fueron distribuidos a todos los amigos... Y así el intérprete de tantos múltiples personajes despidió el año 1987 y a todos sus queridos amigos.