Se alza el telón
Malkah Rabell
Los diez días que estremecieron el mundo: Escuela de Teatro
En una dramatización realizada por el teatro colombiano La Candelaria, con el texto del escritor y periodista norteamericano John Reed: Los diez días que estremecieron el mundo, el maestro y director mexicano Héctor del Puerto logró con sus alumnos del último año de la Escuela de Arte Teatral del INBA imponer una imagen extremadamente impresionante de la revolución de octubre. Lo que veíamos en el escenario del pequeño teatro Villaurrutia era sobre todo el choque entre dos fuerzas, la de los bolcheviques y la de los mencheviques.
Lamentablemente no conozco el libro sobre esos Diez días... del autor de México Insurgente para juzgar hasta qué punto los jóvenes colombianos se mantuvieron fieles al texto original. Tampoco conozco bastante a lo hondo las ideas de perestroika del dirigente soviético Mijail Gorbachov para convencerme si las actitudes que se mostraron en el foro de la Escuela de Arte Teatral corresponden a lo que persigue el lider ruso. No sé si me equivoco, pero se me hace que los conceptos gorbachovianos tratan de llegar a una mayor libertad intelectual, a una mayor amplitud de miras para aceptar las opiniones hasta de quienes fueron nuestros enemigos ayer. Esas caricaturas de Kerensky y de los mencheviques, que nos sugiere la Escuela de Teatro del INBA, en un momento cuando se habla de democracia se me hacen excesivas y no siempre justificadas, y que no pocas veces caen en el infantilismo. También los socialistas tuvieron su gente en Siberia. Desde luego sabemos muy bien que el pueblo ruso, agotado y hambriento, se lanzó en brazos de los comunistas más que nada por su política de paz frente a la Alemania de 1917. Y hoy, 70 años más tarde, esperemos conseguir la paz por la voluntad de todos los pueblos del mundo.
Pero, aunque el espectáculo tiene su fuerza en
sus especificas ponencias políticas, también echemos una mirada sobre su esfuerzo artístico, que es de los mejores que le he visto de sus puestas escénicas al maestro y director Héctor del Puerto. Todos los elementos de los que hizo uso han dado excelentes resultados. Ese escenario desnudo que tan sólo emplea moderados elementos que se mantienen dentro de las posibilidades económicas de sus estudiantes desprovistos de mayores posibilidades y que no obstante rinden la imagen perseguida. La escenografía y la iluminación de Alejandra Lozada y de Luis Fernando Payán, daban fuerza a las escenas llevadas a cabo, esclarecían el espíritu de la obra y explicaban las necesidades del texto. Las percusiones de Carlos Torrano, que impusieron a toda la obra un ritmo muy especial y dramático en determinados momentos, en tanto en otros momentos le daban una mayor alegría. Las percusiones casi no abandonaban la creación de una atmósfera muy peculiar, de un ritmo permanente muy especial. También el vestuario, aunque sólo se componía de determinados elementos como simbólicos, daban colorido y movimiento al conjunto.
Pero lo que sobre todo me encantó fue la madurez de esos actores tan jóvenes en su mayoría. Estos a veces usaban máscaras y otras veces llevaban los rostros desnudos. Ya con máscaras, y con rostros desnudos, siempre se entendía muy bien quienes eran los personajes, aunque a veces, la nota de ridiculez de ciertas figuras no era muy convincente.
Los personajes son tan numerosos que se hace difícil calcular su número. Pero todos cantan, y muchos con buenas voces; todos bailan, y muchos con ritmo y temperamento; todos logran llegar al drama, y otros a la comicidad. Especialmente linda voz tiene Jesús Nieves. Uno de los actores jóvenes que se distingue tanto por lo expresivo de la cara como por la claridad de la voz es Marco Ledezma. No es posible citar a todos, porque la obra se impone sobre todo por las escenas colectivas, por los movimientos de masa, aunque esas masas sean representadas por algunos actores. Se puede decir que esos Diez días que estremecieron el mundo es un espectáculo excelentemente realizado en todos sus pormenores, con un numeroso grupo de actores que casi todos prometen mucho.