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Se alza el telón

Malkah Rabell

Los títeres de Mihail Vassilev cumplen 100 funciones

En el simpático teatro Benito Juárez, a mediodía del domingo 8 de noviembre, el igualmente simpático grupo MUF (cuya explicación ignoro) de la compañía del joven director búlgaro Mihail Vassilev, cumplió las cien representación de títeres: El rayo de sol.

Tal vez este Rayo de Sol fue un poco excesivamente oscuro. Oscuridad que escondía los hilos que manejaban los movimientos de los dos actores principales: el ratón y la bella bailarina arrojada al desván. Esta tierna historia del amor que nace entre el ratón y la bailarina de porcelana hacen a veces asomar unas lágrimas a los ojos del espectador. Sin embargo, los títeres que tanto emocionan a los niños esta vez parecían haber perdido a sus pequeños amiguitos, y en esta oportunidad de los 100 funciones, la mayoría de la concurrencia se componía de adultos que llenaban la sala y quienes se reían con risa juvenil y aplaudían con conocimientos de adultos.

Pero para permitir a un rayo de sol de penetrar a la cámara de luces nocturnas; el ratoncito, con el tierno corazón de la mayoría de los enamorados, decide traspasar con sus agudos dientes una de las paredes de madera para que sol hiciera su alegre presencia en ese sotano donde se refugiaron el pequeño roedor y la bella muñeca herida en una de sus piernas de porcelana, y aún más herida en su orgullo de dama de porcelana. La historia pertenece a un escritor rumano, Alejandro Popescu, cuyo nombre nos resulta desconocido y con quien tenemos la oportunidad de entrar en contacto a través de ese hermoso cuento, esperando verlo en alguna otra ocasión, en alguna otra orbita, ya con títeres, ya con actores de carne y hueso.

México tuvo sus años de gloria en el mundo de los títeres, más o menos por los años treinta, extrañamente al mismo tiempo cuando nacía la Escuela Muralista, es decir la escuela mexicana de pintura. Entre los realizadores más importante de los títeres del Bellas Artes, figuraba Dolores Cueto, que ha dejado su enseñanza a muchos jóvenes. Luego, después de los años 40, el movimiento de los muñecos mexicanos palideció, cuando no se apagó del todo. Recién, hace más o menos una década cuando volvió a despertar la actividad en ese movimiento artístico para menores y no pocos adultos, cuando el interés por crear muñecos y darles vida volvió a tomar vuelo. Por lo general los títeres actuales, tal como lo fueron en su época de gloria, son del género guiñol, es decir de tamaño chico y del manejo de guante. Los muñecos de Mihail Vassilev son más bien de un tamaño mayor que el natural. Su ratón, de unos veinte centímetros de altura, es precioso. La voz humana que da vida a ese fascinante animalito es natural y toda la actuación de ese Ratón que carece de nombre -por lo menos no lo recuerdo, y no hay programa de mano para que nos refresque la memoria- es de mucha gracia que conquista a todo el auditorio como si se tratase realmente de un primer actor, de un intérprete estrella.

El festivo día dé las 100 funciones, los encargados de develar la placa fueron el maestro don Rafael Solana, el conocido poeta, novelista, dramaturgo, periodista en multiples campos y crítico de teatro; y Manuel Montoro, el multipremiado director de teatro. Ambos, tanto don Rafael Solana como Manuel Montoro, ante la función de Mihail Vassilev -manejaba las luces-, se reían y se divertían como buenos espectadores infantiles.

Hace mucho que no asisto a representaciones de titeres, y ante este El rayo de sol me divertí como si volviera a mis buenos años de niñez.