dejaremos de propiciar nuestro
subdesarrollo cultural! Esta iniciativa de Pro Música, es la pauta para llegar
a convertir esta plaza en un centro de cultura.
Es pues a partir del reconocimiento de la
dignidad del espectáculo que se presenta bajo la dirección de Jebert Darién, desde donde cabe
plantear las objeciones. De acuerdo en que el lugar se presta sobremanera para
los autos sacramentales, y las loas, pero ¿por qué escoger una obra como la del bello Narciso, de Sor Juana, -a quien
respeto y admiro en otras de sus obras- en la que la autora exhibe de manera
tan nefasta para nuestra idiosincrasia ese sometimiento a lo español, esa
aceptación de nuestra inferioridad física y espiritual, con respecto al
conquistador, actitud verdaderamente inaceptable?
La dirección de escena por otra parte, no
aprovecha, al
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máximo las posibilidades de la plaza.
El atrio, es lo más desolado del lugar, y en él, los actores se hallan
demasiado abandonados a sus propias fuerzas. Además, Jebert Darién limita a sus actores a dos de sus recursos:
movimiento de manos y gritos. No hay matices, ni fraseo, los versos son renglonados, sin otra intención que la de hacérselos escuchar
a los espectadores.
Y en algunos actores -como el que hace el papel de “El Pensamiento” en el auto
de Calderón-, el espíritu de danza que los anima, desvirtúa el carácter
teológico de la obra. Pero esto no es culpa de los actores -salvo el del que
interpreta "El Juicio de Dios" que no sabe siquiera hablar- sino de
la concepción del director.
Espero que la próxima representación de Jebert Darién en ese lugar, sea
más afortunada; su empeño lo merece.
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