Se alza el telón
Malkah Rabell
Machos, drama de la prostitución masculina
Estamos acostumbrados a la prostitución femenina al "servicio" de los hombres. Hasta ya tenemos cierta costumbre de enfrentarnos a la prostitución masculina al "servicio" de los propios hombres. Con la que no tenemos hábitos ni familiaridad alguna es con la prostitución masculina al servicio de las damas elegantes de cierta edad y de muchas posibilidades económicas. En este campo sabíamos vagamente que en ciertos dancings había hombres muy duchos en las danzas de pareja que invitaban a las damas solitarias y después cobraban porcentajes del consumo realizado por la cliente. Estos danseur iban vestidos muy elegantemente y por lo general eran buenos mozos.
Según noticias transmitidas por un periodismo escandaloso, Rodolfo Valentino antes de llegar a ser famoso, se dedicaba a esta danza pagada por la pareja femenina, y que los hombres realizaban vestidos de elegante smoking. Lo que nunca oí mencionar es a bailarines desnudos, dedicados a una prostitución masculina mucho más escandalosa, tal como nos lo presenta en Machos el autor de Rodolfo Rodríguez, que indaga entre bambalinas la vida de estos jóvenes de buena musculatura y de físico agradable. Hombres que bailan en traje de Adán y reciben -según parece-, espléndidas compensaciones monetarias por el programa que se prolonga mucho más allá del escenario.
Igualmente desconocido para mí resulta el autor, Rodolfo Rodríguez, que nos narra, muy pobremente por cierto, la, o las historias de algunos de estos "machos" que hacen una profesión de mujeres, la más vieja del mundo. Así, a las historias bastante pornográficas, se agrega un melodrama sentimental de uno o varios personajes. Sobre todo es la historia de la vida de Miguel, un estudiante de leyes, que dedicaba lo más preciado de su tiempo al estudio y a su novia, persona muy poco grata. En realidad, Miguel está enamorado de una amiga de infancia ya casada. Una tremenda necesidad de dinero para ayudar a su amiga de infancia, obliga a Miguel a recurrir a la dueña del Dancing Club donde trabaja su amigo Óscar. Sitio donde encuentra a un hombre de mayor edad y de mucha experiencia, que trata de convencerlo, con "buenas intenciones" que su verdadera naturaleza es la de un homosexual, y que mientras no se atreva a mirar con ojos abiertos a su propia realidad, será una persona fracasada. Moraleja: el homosexualismo no es una falla. La falla consiste en la cobardía que uno mismo tiene de negar su propia naturaleza.
Obra donde los desnudos abundan sin otras razones que la morbosidad, además de algunas otras historias como la de Miguel, adornan el texto y le dan un aviso perfectamente melodramático a la pieza. Con una pluma más profunda artísticamente y de mayor contenido dramático, la obra podría presentar con mayor finura un drama realista. También el director, Enrique Gómez Vadillo podría haber enfrentado a la obra con más agallas y menos debilidad por la pornografía y el amarillismo, a los que se somete por razones que tienen poco que ver con el arte. El público, en su mayoría formado por espectadores masculinos, parecía gozar e interesarse por todos esos elementos: las danzas que ejecutaban los "machos" que van desnudándose en el escenario, además de otros desnudos resultados del texto. También hay escenas lesbianas a cargo de la novia de Miguel, Sonia y una amiga de ella. Todo ello impone a la pieza un tono melodramático con bastante pornografía.
Del bastante numeroso reparto masculino, puede decirse que el mejor actor es Mario del Río en el papel de Óscar, el amigo de Miguel.
Mario del Rio es el mejor bailarín de todo el conjunto. Es el único del reparto que da la impresión de ser un bailarín profesional. Como' actor tiene un tono ligero y espontáneo. Otro excelente bailarín es -creo que tal es su nombre: Tito de Mara, en el papel de mesero. Ernesto Rivas como Miguel da la impresión de iniciarse apenas en el oficio de actor. De las figuras femeninas, es la más llamativa, desde luego, Lilia Aragón en el papel de la dueña del cabaret-burdel. En general el reparto es ágil, e igualmente ágil es el ritmo de la dirección.