Se alza el telón Malkah Rabell_
Luv, víctima de amor, una obra nada fácil
Aunque superficialmente parece que esta comedia del norteamericano Murray Schisgal: Luv, víctimas de amor, es muy fácil de analizar, cuando una empieza a desmenuzarla se da cuenta que la tarea es menos sencilla que la imaginada. Tal vez porque es una comedia que ya no tiene vigencia. Ignoro en qué año ha sido escrita, pero indudablemente ha visto la luz de las candilejas cuando estaba en pleno auge el teatro del "Absurdo", ya que Murray Schisgal pertenecía al grupo de los más prominentes autores de la vanguardia norteamericana, en conjunto con Edward Albee, J. Gelber, J. Richardson, A. Kopit, A. Weinstein, K. Brown, para citar sólo a los más sobresalientes. Por lo menos, creo, que es una comedia que el Teatro del "Absurdo" no rechazaría ni siquiera en Europa.
El tono que el director Gustavo Torres Cuesta ha elegido para la puesta en escena es de farsa. Hasta, tal vez, de una farsa algo fantástica. ¿Luv? ¿Quién es Luv? No le encuentro a este nombre explicación. En cambio al resto del título: Víctimas de amor se hace bastante fácil de explicar y de admitir. Toda la comedia sólo tiene tres protagonistas: dos hombres y una mujer. De los cuales los dos hombres están enamorados de la misma mujer. A veces las aventuras que suceden a esos tres personajes parecen heredados de la comedia del cine mudo, tal como todo el teatro del Absurdo tiene las huellas en más de una oportunidad. En esta obra tan especificamente norteamericana, algunas formas de la vida de ese país adquieren su personalidad indiscutible: culto del dinero; la persona femenina que devora al nombre; el triunfo del "yo" y la mentira para imponerlo; algunos detalles menos visibles, más en filigrana. Pero al final vemos que al lado de la angustia aparece cierta esperanza.
Los tres papeles protagónicos, los únicos que forman el reparto, los interpretan sendos excelente actores: Alejandro Camacho, Tito Vasconcelos,
y Rebeca Jones, jovenes en sus edades, pero muy maduros en sus oficios. Rebeca Jones empezó su carrera hace apenas tres años, con un papel de estrella en El coleccionista, y lo realizó como una estrella. Su personaje de Ellen en Luv, víctimas de amor, es muy complejo. Con sus dos matrimonios y sus profundos conocimientos universitarios, exigiría tal vez a una intérprete de mayor edad. La actriz es mucho más llamativa y se impone más en los momentos melancólicos que rozan el drama, que en los cómicos que son sin embargo los más importantes. A Alejandro Camacho lo recuerdo cuando apareció en Las criadas de Jean Genet que fue creo, su iniciación como actor de teatro, y donde realizó una interpretación femenina de una de las criadas. Desde entonces ha crecido mucho como actor y en su actuación de Harry, un personaje no del todo cuerdo, víctima de la terrible soledad de la gran ciudad, se muestra como gran actor. En cuanto a Tito Vasconcelos, un personaje que lleva a sus ultimas consecuencias ciertos rasgos del triunfador norteamericano, cuyos triunfos son muchas veces sólo resultados de su fantasía, la que exige la inmensa urbe devoradora del débil y que sólo respeta al fuerte y triunfante, Vasconcelos fue excelente, y únicamente podernos reprocharle cierta exageración en el maquillaje.
El tono de farsa que impuso a la obra el director Gustavo Torres Cuesta, me parece el más adecuado a esta comedia de Schisgal, vanguardista en su tiempo y que lo sigue siendo todavía, aunque ya el teatro del "Absurdo" ha dejado de estar de moda. Pero, precisamente por su falta de frecuencia, por su actual ausencia de los escenarios nos vuelve a interesar y a divertir. El ritmo que impuso Cuesta a su puesta en escena, la precisa dirección que impuso a sus actores, la música original de Ernesto Martínez que eligió como música de fondo, y hasta la escenografía de Ariel Blanco, que debe presentar un parque de juegos infantiles en Manhattan, a la orilla del Río Hudson, y que tal vez era un poco desordenada, pero cuyos juegos infantiles hacían parte de la acción y hasta de la atmósfera de la obra, todo ello impuso la alegría de ese terna con su fondo muy melancólico y hasta dramático, y permitió reírse al público y gozar de la historia de esas Víctimas de amor.