Se alza el telón Malkah Rabell
Yo y mi chica, o Mi bella dama versión masculina
Mentiría si dijera que esta comedia musical inglesa de Arthur Rose y Douglas Furber me enloquece de entusiasmo. Tampoco me provoca un especial rechazo. Es una comedia simpática, agradable, con una música -debida a Noel Gay- que da ganas de bailar, o por lo menos de canturear junto con todo el público. Sobre todo hay ciertos números que son muy melodiosos y alegres, como: Al compás de la felicidad. Pero también hay números musicales que sobran, como los que entona a menudo la primera dama de la compañía, Olivia Bucio en el papel de Linda Smith, la "chica" de Willy. Un exceso de música puede ser tan nocivo como la ausencia de ésta. También se ha reunido un grupo de escelentes actores que en personajes tan difíciles de expresar como son los ingleses, en particular los de la alta sociedad y de sangre azul, han logrado ser naturales y espontáneos, sin llegar a ninguna clase de exageraciones. Una de las grandes virtudes del espectáculo es la música en vivo ¿o no lo es? Las nuevas producciones musicales han llegado a engañarnos tantas veces que ya estamos en guardia. Ni siquiera nos fiamos del director de orquesta -Guillermo Gutiérrez- que aparece en carne y hueso. Por fortuna que aún nada se ha inventado para falsificar la coreografía y presentarnos robots en lugar de bailarines. Sin llegar a grandes despliegues dancísticos, el conjunto bailaba con gracia y entrega bajo la dirección coreográfica de Tony Parise, coreógrafo norteamericano que se presenta con Yo y mi chica por primera vez en México... Y sobre todo... sí, sobre todo, la comedia contaba con un gran actor para el papel protagónico: Julio Alemán.
La obra de L. Arthur Rose y Douglas Furber no es excesivamente original. Su semejanza con Mi bella dama llega a ser tan obvia, tan visible, que obliga a los autores, y tal vez también a los actores, de tomarlo a broma, y subrayar ellos mismos los rasgos comparativos, como en la escena cuando uno de los protagonistas -Claudio
Brook- empleando algunas morcillas invita a Willy a buscar auxilio del maestro Higins para aprender a portarse aristocráticamente en sociedad. Mas, si bien la "Bella Dama" da unas auténticas clases de cómo se puede arruinar un idioma, aquí no sucede lo mismo; William Snibson no llama la atención por su destrucción idiomática, sino por su manera de portarse en sociedad. Y en este caso Julio Alemán que es un actor por lo general muy sobrio, exagera y hasta sobreactúa. Tal vez precisamente porque el texto no da elementos destructivos de la educación del oído, el personaje se ve obligado a exagerar los gestos del comportamiento, por ejemplo rascándose demasiado visiblemente. Lo que desde luego hace reír mucho al auditorio que la noche del estreno (¿o fue la noche dedicado a la prensa?) llenaba la sala del teatro "Insurgentes".
Parece que Yo y mi chica ya no es un estreno. Durante años en los casos de apuro, los actores, los productores y los directores de escena recurrían a la obra de L. Arthur Rose y Douglas Furber, que infinitas veces salvaba la temporada. Algo así como cuando los actores españoles y latinoamericanos recurren a Alfonso Paso. Pero he aquí que Julio Alemán puso todo su temperamento y todos sus esfuerzos de actor para conseguir el triunfo no sólo suyo sino de todos sus compañeros. Cierto, algunas veces sobreactuaba. Eso les sucede a menudo alos intérpretes dramáticos cuando han de encargarse de un papel cómico. Exageran por miedo de fallar en la comicidad. Pero Julio Alemán supo encabezar el excelente cuarteto que formaban Claudio Brook y las dos figuras femeninas, Evangelina Elizondo y Olivia Bucio, formando Brook y Evangelina Elizondo la pareja aristocrática, en tanto Julio Alemán y la joven actriz Olivia Bucio lo hacían con la pareja popular.
Aunque la escenografía llegaba como "paquete" de Estados Unidos, junto con la obra, David Antón no dejó de recrearla. Lo mismo puede decirse del coreógrafo norteamericano Tony Parise, quien ya fue asistente de la coreografía de la compañía inglesa de Me and my girl. En cuanto a la dirección de Manolo García, sin llegar a la originalidad, manejó correctamente su reparto. La comedia inglesa encontró en los intérpretes mexicanos una voz justa. actores que cantaban, bailaban y actuaban con entusiasmo y entrega, logrando un espectáculo digno de aplausos.