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Malkah Rabell

Adaptación oxoloteca de Bodas de sangre

Malkah Rabell

Esta versión indígena y campesina de Bodas de sangre de García Lorca -a la cual el maestro Rafael Solana augura una larga, larga trayectoria- adaptó como propios todos los rasgos de la pasión española. Rara vez es posible adaptar a México una obra extranjera y obtener tal sensación de verdad, de psicología, de vida y de problemas autóctonos. Y es natural que así sea. El mismo García Lorca decía: "En el mundo. solamente México puede cogerse de la mano con mi país".

Y he aquí que en Tabasco se creó, ya hace algunos años, por acuerdo de la Sra. Julieta Campos de González Pedrero, presidenta del DIF de Tabasco, un Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena. Y la primera obra que pusieron en escena fue la adaptación de Bodas de sangre, en una versión oxoloteca. Y. según apunta la Sra. Julieta Campos: "La puesta de García Lorca superó desde un principio todas las expectativas: la fuerza tempestuosa de su tragedia campesina fue recogida por la gente de Oxolotán que la devolvió en interpretación apasionada".

Por fin tuve la oportunidad de presenciar el espectáculo en el D.F., en la capital, en el parque de Chapultepec, en su tercera sección, bajo el cielo descubierto, que en ese domingo 29 de marzo, se vistió de azul y de sol, como para ayudar al numeroso auditorio a soportar los duros y estrechos asientos. Lo que en la versión del teatro tradicional tenía que ser reducido a un escenario de pocos metros cuadrados, adquirió en esa puesta en escena campesina la grandeza de las extensiones campestres, de los campos y de los bosques. Pero el texto resultaba casi el mismo. No hubo necesidad de introducir muchos cambios en el texto original de esa tragedia lorquiana. Desde luego, la falta de actores experimentados, de temperamento dramático, obligaba a acortar la obra, a suprimir diversas escenas, a reemplazar numerosos parlamentos individuales por escenas colectivas, por danzas, por imágenes campestres, por carreras de jinetes, que daban a la obra un-tono cinematográfico.

Si bien en un principio algunas frases eran distintas para introducirnos en el mundo de la vida campesina actual, al mucho de las máquinas capaces de dejar inválidos a sus trabajadores de inmediato la directora, María Alicia Martínez Medrano, volvía al texto lorquiano, que parecía como creado para el alma y el lenguaje que ya también suprimen los teatros profesionales, ya que se antojan trasnochados de tantas lunas y estrellas. En cambio, la aparición de la muerte, que a caballo va atravesando la campiña en lontananza, con su máscara blanca terriblemente sugestiva, resultaba mucho más interesante en la presente representación a nivel estudiantil, casi semi aficionada. que en muchos teatros de actores profesionales.

Uno se extraña: ¿cómo puede haber tanta semejanza entre nuestra población indígena y la lejana España?

Y no obstante, así es. Tal vez porque las costumbres traídas desde la lejana madre patria por los españoles tuvo más influencia de lo que se supone, hasta sobre la gente que se quedó en los montes y eri las lejanas aldeas indígenas. La muerte, la pasión amorosa, la sangre, la venganza, la lucha por la honra mancillada parecen iguales entre los dos pueblos.

Y si la adaptación permanece muy fiel al original, la dirección escénica aporta muchas novedades. Al reparto dramático que cuenta con unos veinte intérpretes, se ha agregado una inmensa multitud de comparsas, de bailarines, de músicos. Se puede usar sin miedo a exageraciones la expresión: escenas de masas. Es aún difícil mencionar en especial algunas figuras aisladas del reparto. Sobre todo es aún excesivamente inmadura y joven la actriz en el papel de la. madre. Lo más importante de este espectáculo es la dirección. La imagen es tanto más sugestiva que la palabra. La música de los distintos grupos musicales y de los distintos instrumentos autóctonos son otros de los elementos importantes de la puesta en escena. Los episodios que se narran en el original como la lucha con machetes que enfrenta a los dos enamorados de la misma mujer, aparece en vivo ante el público. La directora, María Alicia Martínez Medrano llama la atención por la fuerza, el dramatismo, la originalidad y el tono cósmico que supo dar a su montaje. Se la puede considerar como una de las más capaces directoras experimentales de México, que ha sabido triunfar desde su primer experimento.

Se alza el telón