Teatro Milán. Autor, Adrián Ortega. Adaptación y
dirección, Alfonso Torres. Escenografía, Jesús Berrospe.
Reparto: Guillermo Orea, Ada Croner, J. Antonio
Brillas, Magda Giner, Lola Beristáin, Jorge Ortiz de
Pinedo, Linda Romero y Alfonso Torres.
El marido
perfecto pertenece
a ese tipo de comedias de enredo totalmente artificial, escritas sin ningún
rigor técnico y con un diálogo pobre; pero que a pesar de todo eso, logran
regocijar a un determinado público, público poco exigente que se contenta sólo
con ver, parodiadas en escena, ciertas situaciones de la vida conyugal.
En la comedia de Adrián Ortega, el nudo del conflicto es creado
artificialmente, pero más artificiosa todavía es la forma de resolverlo. Cuando
los personajes, hablan en escena, complican todo, y mientras más hablan más enredan
las cosas, pero bastan dos minutos de permanencia fuera de escena, para que al
volver a ella, hayan tenido lugar todas las explicaciones posibles y el nudo se
desenrede como por arte de magia.
La anécdota es tan pobre que no alcanza a llenar dos horas de
espectáculo, así que, los pobres actores se pasan
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escenas completas repitiendo lo mismo
en distintos y variados tonos, como para que el público no se aburra. Antonio
Brillas, al principio del segundo acto, se ve obligado por el texto, a pedir
explicaciones, por lo menos diez veces, de lo que sucedió entre Plácido y Dorothy durante la noche que transcurre entre un acto y el
otro, haciendo
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que les dio el autor, confeccionaron
su espectáculo.
Tampoco se ve en la puesta en escena la mano experimentada de
un buen director; el ritmo de la comedia se cuelga en muchas escenas; por otra
parte, Alfonso Torres pensó que sería un buen atractivo para el público
masculino el que saliera una muchacha en traje de
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el marido
perfecto
por mara reyes
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esfuerzos inauditos para darle un poco
de “chispa” a su papel. Guillermo Orea se dedica a exprimir su vis cómica para
obtener la “gloriosa” risa del público y Ada Croner se
refugia en los gustos grotescos de su personaje de Dorothy,
para lucir sus dotes histriónicas. Y si el público goza con la comedia, ello se
debe casi exclusivamente -en mi opinión- a estos actores que con unos cuantos
alfileres
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baño, así que, sin venir a cuento,
hace que la camarera del hotel salga en bikini. Está bien que se piense en la
taquilla cuando se monta un espectáculo, pero entonces, si quería sacar muchachas
en bikini, bien podía haber buscado otra obra, en la que tal recurso no
estuviera tan fuera de lugar (por más que en la adaptación (?) (también de Alfonso Torres) se haya situado la anécdota en un
balneario de México).
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