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se la llevó Héctor Mendoza, con la puesta en escena de Don Gil de las calzas verdes de Tirso de Molina, en el Frontón Cerrado de la Ciudad Universitaria. A esta representación siguió en el mismo escenario, otra de gran calidad, la de La trágica historia del Doctor Fausto de Christopher Marlowe dirigida por Ludwik Margules.

      En el local de la Avenida Chapultepec, la compañía de teatro realizó tres excelentes montajes : La colección de Harold Pinter, en donde Rubén Broido dirigió con sumo acierto  y donde Claudio Obregón logró su mejor actuación de su ascendente carrera. Después estrenó José Estrada Ubú Rey de Alfred jarry, con Carlos de

diorama
teatral

Pedro y Magda Vizcaíno a la cabeza del reparto y por último, hizo su debut como director Ignacio Sotelo, montando Tripas de oro, de Fernand Crommelynck.

     En la Casa del Lago, Juan José Gurrola puso en escena dos óperas cortas: El teléfono de Gian Carlo Menotti y Emilio y Emilia de Ernst Toch. (Además de otro espectáculo que no tuve oportunidad de ver). Y Roberto Dumont se lanzó como director con dos obras japonesas de Teatro Noh.

    Lutos. Este año, ocurrieron sensibles fallecimientos: en Francia, la muerte de André Breton clausuró toda una época; en Lima, el teatro dijo adiós a una de sus máximas figuras: Sebastián Salazar Bondy. Y en México, sufrimos dos pérdidas lamentables: la de Seki Sano, director y maestro de más de dos generaciones de actores y Magda Donato, una actriz que dio a México los mejores frutos de su carrera.

    Guardemos para ellos un momento de silencio como póstumo homenaje.