diorama teatral
tripas de
oro
por mara reyes
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Teatro de la
Universidad. Autor, Fernand Crommelynck. Dirección,
Ignacio Sotelo. Escenografía y vestuario, Marcela Zorrilla. Reparto: (Compañía del
Teatro Universitario) Gilberto Pérez Gallardo, Lilia Aragón, Hugo Sergio Godínez, María del Carmen Farías, Selma Beraud, Humberto
Enríquez, María Elena Velasco, Lilia Delié, Gracia Elena Solís, Jesús Calderón, Tomás Ceballos, Fernando Delíe, Salvador Herrera, Dolores Linares, Jorge Margáin y Al Suárez.
El que la crítica mundial la haya considerado El estupendo cornudo como la. obra maestra del belga-francés Crommelynck, ha hecho que otras obras de este autor permanezcan desconocidas para el público, y nada más injusto que el olvido que ha tenido que sufrir Tripas de oro, obra que data de 1930 y que es como elemento sincopado entre al teatro poético simbólico y teatro de
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la crueldad. Tripas de oro es la lucha que libra un individuo
por la opción
entre la posesión material -el dinero- y la posesión espiritual -el amor-. Con este dilema, la obra asimila una de las problemáticas de nuestro siglo y se inscribe en el expresionismo. El dinero, visto como fuente de maldad, hace presa de su poseedor convirtiéndolo en su vasallo. Ya no es el hombre el dueño de un “bien material” sino el dinero el dueño de un “mal humano”. El
amor y la virtud quedan desplazados de ese mundo.
Y el Hombre, transformado en verdugo de sí mismo, describe una trayectoria en espiral hacia las profundidades
abisales del mar en que se ahoga.
Ignacio Sotelo hurga en el trasfondo
del sueño y de la vigilia, aprisiona
las motivaciones de los personajes y
las revela como ineludibles. Modela la distorsión
hasta que ésta cobra una evidencia de solidez. Es en estos
aspectos en donde radica principalmente la eficacia de su dirección escénica. Los personajes,
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moviéndose en el ámbito de la escenografía sugerente de Marcela Zorrilla, recuerdan las pinturas de los flamencos, de Brueghel
especialmente.
Ya Gilberto
Pérez Gallardo había dado a conocer sus
dotes de actor desde Historia de Vasco y en esta ocasión ratifica
esos dones sacando adelante un
personaje más complejo aún, este Pedro
Augusto Hormidas o “Tripas de oro”, que es por sus dudas constantes, sus arrebatos y sus
contradicciones, una prueba para
cualquier intérprete.
Pero
si una sorpresa es la de Ignacio Sotelo,
como director, otra sorpresa es la de
Lilia Aragón, una joven que brota de pronto no como primeriza, sino descubriéndose como una
intérprete ya hecha, que domina el oficio, que sabe trascender el gesto y dominar la palabra, una actriz, finalmente, a la que me atrevo a augurar un brillante
porvenir en el teatro.
En
general, puede decirse que el resto
del reparto se integra a la tonalidad que imprimen los dos actores citados y, salvo pecados de dicción frecuentes en el reparto masculino,
todos consiguen sostener un nivel de
adecuación, del que destacan: Hugo Sergio Godínez, María del Carmen Farías, Selma Beraud y
Humberto Enríquez.
Esta
representación además de reafirmar la calidad alcanzada
por la Compañía de Teatro
Universitario, nos obliga a saludar el nacimiento del nuevo director, que es digno sucesor de la generación precedente, de los Ibañez, Mendoza, Solé y Gurrola.
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