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diorama teatral

la señorita

julia

            por mara  reyes

   Teatro Granero. Autor, August Strindberg. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, Julio Prieto. Realización, Arq. Carlos Pardomo. Vestuario, Armando Valdés Peza. Reparto: Eric del Castillo, Maricruz Olivier y Gloria García.

 

    A poco tiempo de El ensueño, se presenta en escena otra obra de Strindberg, en esta ocasión, una de sus obras naturalistas más conocidas: La señorita Julia, que fue interpretada hace años por Emma Teresa Armendáriz. Quizá con mayor obviedad que en otras de sus producciones, Strindberg contrasta en esta obra dos mundos: el de la aristocracia caduca y el de la burguesía. El propio Strindberg al hablar de su teatro, confesaba: “En calidad de caracteres contemporáneos que viven en una época transitoria, más inquieta y más histérica que la precedente, por lo menos, he presentado mis figuras más inestables, desdobladas, que ofrecen una amalgama de lo viejo con lo nuevo”. La señorita Julia es una de las obras en las que esta intención del autor se patentiza de manera absoluta. Y es en este sentido, en el que la interpretación de Maricruz Olivier me pareció débil. A su Julia, le falta esa raigambre aristocrática que hace de ella un exponente de su clase social y que es el generador

de su conflicto psicológico: Maricruz perfila a la mujer, desnuda su interior, pero olvida el contexto social, por lo que algunos de los parlamentos suenan postizos en sus labios.

    Es también en este sentido, en el que la dirección de Xavier Rojas se tambalea, pues al desdeñar -o quizá sólo descuidar- uno de los prismas fundamentales de la obra de Strindberg, ésta pierde su carácter de denuncia de una sociedad en putrefacción, para quedar reducida únicamente al debate sicológico de caracteres; desvinculándose así, de la problemática total planteada por el autor.

    Esa “desproyección” del personaje de Maricruz Olivier no ocurre, sin embargo, en Eric del Castillo, quien hace una interpretación en la que concurre la dinámica sicológica, con la social. Su personaje demuestra en cada acto, con cada palabra, su posición en la sociedad. Las constantes transacciones por la que atraviesa el personaje, al querer desprenderse de su condición servil y tratar de aferrarse “a la primera rama” de un árbol que no le pertenece y por el que quisiera subir, fueron realizadas por Eric del Castillo con sinceridad, desenvolviendo a lo largo de la obra una lógica de conducta que culmina

 

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