Resaltar búsqueda

diorama teatral

la trágica historia

del doctor fausto

           por mara reyes
    Lugar: Frontón cerrado de la Ciudad Universitaria. Autor, Christopher Marlowe. Traducción, Julia Rodríguez. Dirección, Ludwik Margules. Escenografía y vestuario, Alejandro Luna. Actores: Sergio Borbolla, José Martín, José Barberena, Francisco Fong, Ricardo Ortega y Roca, Gilberto González, Octavio Díaz González, Fernando G. Orozco, Alfonso de la Torre, etc.

 

      Injustificadamente relegada La trágica historia del Dr. Fausto -obra tomada, como la de Goethe, de una antigua leyenda alemana (1492)- ha sido exhumada por Ludwik Margules con gran fortuna.

    Marlowe escribió su obra a fines del siglo XVI -dos siglos antes que Goethe- en una época de oscurantismo, por lo que sus contemporáneos, confundiendo a Fausto con Marlowe, le persiguieron y acusaron de herejía. Para entonces Marlowe había ya traducido la Farsalia de Lucano y escrito cuatro dramas: Eduardo II, La matanza de París, Tamburlaine y El judío de Malta. Había encontrado la forma de hacer alternar la poesía con la prosa y la tragedia con la comedia. Es

 

de suponerse que, de no haber sido asesinado Marlowe durante un pleito por una mujer, habría terminado sus días probablemente en la hoguera destinada a los herejes.

     A Marlowe le faltó un público que comprendiera su obra. Su Fausto es algo así como el genio de la Edad Media que participa ya de la luz que surgirá en el Renacimiento. Es el filósofo ávido de conocimientos; el Hombre cuyo espíritu inquieto, inconforme y ambicioso se debate en lucha contra el infinito. Con su Fausto, Marlowe hace evidente -en su simbólica búsqueda y unión con Elena de Troya- el nacimiento de la época humanista, el retorno al clasicismo. Y si en el Fausto de Goethe la entrada del Epíritu Maligno al laboratorio es casual, en la obra de Marlowe no es casual, por el contrario, el Dr. Fausto lo invoca, tal como la Edad Media, en sus finales, invocó el espíritu pagano de la antigüedad griega. Marlowe muestra a Fausto como a un hombre que abandona voluntariamente el dogma por la ciencia, aceptando ser un homo fuge, aunque su conciencia lo conturbe después.

     En cuanto a la forma estructural de esta obra, que fue impresa cinco veces durante

el siglo XVII, no se hallan en ella indicaciones para dividir las escenas; la acción no está sujeta a las clásicas unidades aristotélicas, sólo se indican los cambios de lugar para poder seguir la trama. Marlowe hace presentir ya, la aparición de Shakespeare.

     El director de escena, Ludwik Margules, presenta la obra con una escenografía que es como una siembra de cohetes interplanetarios. De esta manera el texto cobra un nuevo vigor, como anuncio de un nuevo renacimiento, en el que el Hombre vuelva a plantearse los problemas eternos, sirviéndose de la ciencia para conocer al Hombre.

     La ovación que siguió a las últimas líneas de la obra, por el público que abarrotó el frontón cerrado de la Ciudad Universitaria -público compuesto en su mayoría por estudiantes- habla elocuentemente de cómo acertó Margules con su escenificación, realizada por actores no profesionales, que probablemente aparecían por primera vez en un escenario, pero que identificados con sus personajes podían proyectar su necesidad de expresarse en un nuevo lenguaje -el redescubrimiento ¡cuántas veces es

 

Sigue en la página seis