Teatro de los Insurgentes. Autor, Frederick Knott. Dirección y traducción, Rafael Banquells. Escenografía, David Antón. Reparto: Angélica María, Sergio Bustamante, Luis Manuel Pelayo, Wolf Ruvinskis, Luis Rizo, María Cristina Ortiz, Miguel Ángel Palomera y Napoleón Cordero.
Es curioso comprobar a cada paso cómo el surgimiento o auge de un determinado grupo social, da lugar al surgimiento o auge de un género dramático. De la misma manera que un cambio social no tarda en manifestarse en el teatro, así también, la presión que ejerce un conglomerado humano sobre otro, pronto encuentra una puerta pronta a abrirse dentro de la interminable hilera de puertas de acceso a un escenario. Si la clase media encontró en la “pieza” el molde exterior que mejor contenía su problemática; la proliferación y poderío de un hampa organizada, parasitaria y victimaria de la sociedad, debía dar pie al nacimiento de un género teatral que, desdoblado según el punto de vista del autor, dio la comedia policíaco-judicial y la comedia de “suspenso”. A este último género pertenece la obra de Frederick Knott Cuando oscurezca en la cual aparecen todos los recursos sadomasoquistas que pueden hacer reaccionar los resortes sensibles de un público que teme hallarse bajo la amenaza de un criminal, al que en cierta medida le agradece la posibilidad que le brinda de convertirse en héroe, en caso de resultar él vencedor en lugar de vencido. Y como en este género, lo más frecuente -ley moralizadora que casi nadie se atreve a violar- es que el “terrible” asesino sea doblegado por un ser más débil, entonces el público, por
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diorama teatral
cuando
oscurezca
por mara reyes
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identificación, se
siente realizado como héroe. De ahí el gran
éxito del género, aunque evidencia el poderío de una seudo clase social, la del gángster que
lucha por la hegemonía.
En la comedia de Knott, la debilidad de la protagonista se redobla, como en una suma
de cifras con signo negativo, por el hecho de ser mujer -enfrentada a tres despiadados criminales- y por el de ser
ciega.
Está claro que en México hay un
cuerpo de actores, directores y escenógrafos que son capaces de realizar con eficacia todo género de obras, y dedicadas a todo tipo de públicos. Rafael Banquells maneja diestramente a sus actores y consigue efectos de gran impacto, aprovechando hasta el máximo las situaciones de tensión. Cuidó los detalles más insignificantes de tal manera
que ninguna acción queda injustificada o fuera de lugar; por el contrario, cada movimiento está integrado a un todo y sirve a una
finalidad.
Angélica María, actriz que hemos
visto desenvolverse siempre con acierto, desde su infancia,
tiene a su cargo uno de los papeles de más lucimiento de
su carrera. La vista nunca la traiciona, convenciendo al
público, desde el primer momento de la ceguera de la
protagonista. No hay en su actuación un solo movimiento
discordante, ni una nota falsa.
Sergio
Bustamante, ese actor
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del que casi puede decirse que es un deportista del teatro
-un magnífico deportista- juega con su papel, hace
malabarismos, pero no deja nunca caer una de las pelotas
con las que se entretiene. Se adivina cómo goza con el
ejercicio de la actuación y ese entusiasmo sabe comunicarlo
a los actores que lo rodean y al
público. El juego de Luis Manuel Pelayo
es diferente, es más elucubrado; su
personaje viene a ser casi el bufón de la comedia, dedicado a distender de
cuando en cuando la tensión del espectador. Su trabajo es eficaz, lo mismo que el de Wolf Ruvisnkis, que interpreta
con toda corrección al más
“sensible” de los criminales. Breve,
pero acertadísima, es la
intervención de Luis Rizo, un actor
dotado de una sinceridad natural que lo coloca entre los mejores de nuestros escenarios. Es un actor
que no hace alardes, que sabe ser tan natural
que jamás da la impresión de estar actuando. Merece mención especial la joven actriz María Cristina Ortiz quien en todo momento sabe estar a la altura de todos los experimentados actores que la
rodean.
David Antón demuestra una vez más, que es capaz de ofrecer excelentes escenografías, lo mismo dentro del naturalismo -como en este caso-, que dentro de otros estilos que exigen un decorado sugerido. Él sabe crear sus escenografías siempre a la medida de los requerimientos.
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