diorama teatral
la
gatomaquia
por mara reyes |
Teatro Jiménez Rueda. Autor, Lope de Vega, Dirección, José
Luis Ibáñez. Diseño de la producción, Octavio Ocampo. Música, Alicia Urreta, Reparto: Jacqueline Andere, Raúl Dantés, Sergio Jiménez y Rosa María Moreno. Músicos: Gilberto García, Rubén
Islas, Clemente Sanabria, Alicia Urreta, Carlos Luyando y Homero Valle. ¿Por qué
se ha llamado a este ciclo
“de la búsqueda”? ¿Quién
hace la búsqueda? No son
nuestros autores, puesto que
sólo una obra de autora mexicana
se ha llevado a escena en
este ciclo y fue una reposición,
o sea una búsqueda de ayer,
aunque de un ayer próximo, pero que ya
formaba parte del pasado. Es la búsqueda de
los directores de escena, por hallar
nuevos y más acordes medios de expresar sus inquietudes y su visión del mundo. Y para esa búsqueda,
hay que hallar obras que la permitan,
así sean del siglo de oro español, teatrales o no teatrales.
Si Lope no
imaginó jamás
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que fuera representado su poema burlesco, en siete silvas (combinación métrica en que ordinariamente alternan con los versos endecasílabos los
heptasílabos), lo más seguro es que si hoy reviviera y
fuera al Teatro Jiménez Rueda,
su alegría sería mayúscula y si acaso, le añadiría dos o tres alusiones irónicas a
las modernas guerras o a alguna corriente estilística de nuestra época.
Una característica de las representaciones
que hace Ibáñez de las
obras clásicas, es la de “renglonear” los versos, subrayando la métrica, lo que no me parece censurable.
La obra está escenificada con un gran despliegue de recursos
imaginativos, tratando de establecer eslabones entre la
verdad escénica y la verdad poética.
José Luis Ibáñez pues, echó mano de todos los recursos posibles, desde el hacer que los personajes sean en ocasiones actores -en su acepción de activos- y en ocasiones narradores, o bien, hacer que parezcan como simples objetos. De la misma
manera que a ciertos objetos
les dio vida gatuna, como por ejemplo: a la gata Micilda, que en el poema
no tiene más trascendencia que la de un objeto que pretende
emplearse como arma, Ibáñez no dudó en hacerla aparecer como un simple costal. De tal suerte que usa
a los personajes como en álgebra se usan las letras: unos como variables dependientes,
en función de los otros personajes; otros, como valores constantes y otros como variables independientes, que actúan de acuerdo a convenciones arbitrarias. ¿Hay algo
más convencional y sin embargo más
verosímil que las matemáticas?
Tanto Jacqueline Andere, como
Raúl Dantés, Sergio Jiménez y Rosa María Moreno (anunciados
así, en orden alfabético,
lo que ya me parece una acertada intención de liquidar
los absurdos vedetismos) comparecen ante el
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