Resaltar búsqueda

diorama teatral

la

gatomaquia


                  por
mara reyes

    Teatro Jiménez Rueda. Autor, Lope de Vega, Dirección, José Luis Ibáñez. Diseño de la producción, Octavio Ocampo. Música, Alicia Urreta, Reparto: Jacqueline Andere, Raúl Dantés, Sergio Jiménez y Rosa María Moreno. Músicos: Gilberto García, Rubén Islas, Clemente Sanabria, Alicia Urreta, Carlos Luyando y Homero Valle.

    Prosigue el Ciclo de la Búsqueda en el Teatro Jiménez Rueda, organizado por Héctor Azar, ahora con la representación de La gatomaquia de Lope de Vega, un poema burlesco en el que critica la guerra y los arrebatos vengadores, que si fue publicado cuando Lope tenía setenta y dos años de edad, revela no obstante, una vitalidad y un ardor juvenil que se solidariza con la puesta en escena de José Luis Ibáñez. Y aunque parezca que estoy invirtiendo los términos, eso  es precisamente lo que quiero decir: que en esta representación no es el director quien se solidariza con la obra, sino la obra la que se apresta a servir al director.

   ¿Por qué se ha llamado a este ciclo “de la búsqueda”? ¿Quién hace la búsqueda? No son nuestros autores, puesto que sólo una obra de autora mexicana se ha llevado a escena en este ciclo y fue una reposición, o sea una búsqueda de ayer, aunque de un ayer próximo, pero que ya formaba parte del pasado. Es la búsqueda de los directores de escena, por hallar nuevos y más acordes medios de expresar sus inquietudes y su visión del mundo. Y para esa búsqueda, hay que hallar obras que la permitan, así sean del siglo de oro español, teatrales o no teatrales.
   La poesía en Voz Alta, no es nueva en México, el mismo José Luis Ibáñez participó en aquellas temporadas llevadas a cabo por Juan José Arreola, Octavio Paz, Héctor Mendoza y Juan Soriano.

      Si Lope no imaginó jamás

que fuera representado su poema burlesco, en siete silvas (combinación métrica en que ordinariamente alternan con los versos endecasílabos los heptasílabos), lo más seguro es que si hoy reviviera y fuera al Teatro Jiménez Rueda, su alegría sería mayúscula y si acaso, le añadiría dos o tres alusiones irónicas a las modernas guerras o a alguna corriente estilística de nuestra época.

 Una característica de las representaciones que hace Ibáñez de las obras clásicas, es la de renglonear los versos, subrayando la métrica, lo que no me parece censurable.

   La obra está escenificada con un gran despliegue de recursos imaginativos, tratando de establecer eslabones entre la verdad escénica y la verdad poética.

    José Luis Ibáñez pues, echó mano de todos los recursos posibles, desde el hacer que los personajes sean en ocasiones actores -en su acepción de activos- y en ocasiones narradores, o bien, hacer que parezcan como simples objetos. De la misma manera que a ciertos objetos les dio vida gatuna, como por ejemplo: a la gata Micilda, que en el poema no tiene más trascendencia que la de un objeto que pretende emplearse como arma, Ibáñez no dudó en hacerla aparecer como un simple costal. De tal suerte que usa a los personajes como en álgebra se usan las letras: unos como variables dependientes, en función de los otros personajes; otros, como valores constantes y otros como variables independientes, que actúan de acuerdo a convenciones arbitrarias. ¿Hay algo más convencional y sin embargo más verosímil que las matemáticas?

     Tanto Jacqueline Andere, como Raúl Dantés, Sergio Jiménez y Rosa María Moreno (anunciados así, en orden alfabético, lo que ya me parece una acertada intención de liquidar los absurdos vedetismos) comparecen ante el

 

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