diorama teatral
yo también
hablo
de la rosa
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Teatro Jiménez Rueda. Autor, Emilio Carballido. Dirección, Dagoberto Guillaumin. Escenografía, Guillermo Barclay. Música, Rafael Elizondo. Coreografía, Guillermina Bravo. Reparto: Angelina Peláez, José Alonso, Felio Eliel, Socorro Avelar, Mario Casillas, Sergio Jiménez, Liza Willert, Luz María Hidalgo, Héctor Martínez, Socorro Merlín, etc.
Con Yo también hablo de la rosa, de Carballido -uno de nuestros autores nacionales más prolíficos-, suman ya seis las obras que se han puesto durante este año en el Teatro Jiménez Rueda. Estas han sido: Mudarse por mejorarse, Un fénix demasiado frecuente, Un joven drama, La señora en su balcón y Las sillas. De estas seis obras, cuatro son de autores mexicanos. Este hecho habla muy en favor de la labor que está efectuando el dinámico Héctor Azar, quien se ha convertido en uno de los máximos promotores de nuestro movimiento teatral. |
efectuado por los niños, es visto
por cada quien de distinta manera.
El sicólogo ve en el acto el símbolo edípico de la destrucción de los padres; el sociólogo, la rebeldía de una clase social sojuzgada; la maestra, el
acto vandálico
que se comete por la ignorancia, etc... Carballido satiriza
tales deformaciones, haciendo la
reconstrucción del hecho desde el punto de vista de cada personaje, pero cae en su
propia trampa, al presentar su
visión del hecho, sin satirizarla, como si fuera la verdadera explicación, la única.
La segunda premisa es la de
que la realidad se va conformando
por casualidades, por cruces de caminos que convergen a cada segundo; por instantes que
contienen infinitos trayectos misteriosos, de
tal suerte que, siendo imposible escrutar
la desembocadura, toda elección de un camino viene a ser un juego de azar. Y concluye que el Todo no puede inferirse por sus partes y que así como el pétalo no es la rosa, la conducta tenida en un instante no es la Vida.
Dagoberto Guillaumin supo mezclar
con agudeza las escenas de danza,
relato y diálogo (compendio
de ballet, novela y teatro) y los recursos del teatro realista y
del simbólico. Los caracteres de los
personajes son transformados por el director, según el
juez en turno que los disecciona.
Su trabajo en esta obra es, si no
el mejor de su carrera, si uno
de los mejores. No eran pocas las dificultades a las
que tenía que enfrentarse como director de escena y supo resolverlas ejemplarmente. Ciñéndose al espíritu del texto, le dio alas a lo
alado, agilidad a lo ligero,
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