diorama teatral
las
moscas
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[Nota incompleta, no se hallaron ejemplares en hemeroteca. N. del E.] Nada mejor para la interpretación de esa obra de Sartre, quien hace hablar a los personajes de la antigüedad griega de la cortina metálica, de los comercios o de los turistas que parece que nunca han sido vistos por los montañeses. Los anacronismos pues, son usados por la directora, lo mismo que por el autor, para señalar que la anécdota no está circunscrita a ningún tiempo y que el problema del hombre y su libertad, del Ser y su destino, existe desde que el hombre es hombre.
La directora, sin traicionar ni un momento al autor, va llevando al espectador hacia la tesis de Sartre, que podría quedar enunciada con uno de los parlamentos de Júpiter: “Una vez que ha estallado la libertad en el alma de un hombre, los dioses no pueden nada más contra ese hombre. Pues es un asunto de hombres, y a los otros hombres -sólo a ellos- les corresponde dejarlo correr o estrangularlo”, Palabras que cobran una resonancia épica, |
cuando Orestes, frente a frente con Júpiter, lo increpa diciéndole:
eres “el rey de las piedras y de las estrellas, el rey
de las olas del mar. Pero no eres el rey de los hombres”. Para
terminar declarando la afirmación existencialista:
“Soy un hombre, Júpiter, y cada hombre debe inventar su camino”. Dos actores llevan sobre sus hombros el mayor peso de la obra: Rolando de Castro -en el papel de Orestes- y Minerva Peña, en el de Electra y, puede decirse sin rodeos, que ambos están excelentes. Rolando de Castro se coloca con esta obra en
la primera fila de nuestros jóvenes actores. Pasa por cada uno de los momentos del personaje, desde la debilidad de quien se siente desarraigado a todo, hasta la fortaleza de quien se ha adueñado del secreto vital de la
existencia, encontrando siempre el matiz
adecuado y con una progresión vivencial siempre
intensa. Minerva Peña posee una fluidez en el actuar que llama la atención,
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