diorama
teatral |
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de tener que, o bien mover a sus
personajes sin ninguna justificación, o bien, dejar a la obra en un estatismo
que le hubiera acabado de dar la puntilla. Así pues prefirió lo primero, lo que
originó que en muchas ocasiones los personajes se levanten y cambien de sitio
en la mesa del restaurante nada más “porque sí”. Pero en fin, todo [el] pecado de
Rojas consistió en tratar de ponerle ruedas a la tortuga.
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