diorama teatral
TROILO
Y
CRÉSIDA
por mara reyes
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Teatro Comonfort, Autor William Shakespeare. Dirección Dagoberto Guillaumin.
Escenografía y vestuario, Jorge López Aguado y Félida Medina. Grupo: Centro de
Experimentación Teatral.
Se ha estrenado el Teatro Comonfort,
primer local del INBA que se destinará exclusivamente al arte teatral, con la
puesta en escena de Troilo y Crésida de
Shakespeare, representación de la que me declaro incompetente para hablar por
dos razones: la primera, que escuché la mitad de los diálogos durante las tres
horas que permanecí en la sala; la segunda, que el viento helado que corría por
el interior me obligó a abandonar el teatro antes de que se iniciara el tercer
acto (quinto en el original). Pero lo que presencié sí me permitió apreciar las
deficiencias de la nueva sala -un cine reacondicionado-, se trata de un galerón
no sólo frío e inhóspito, sino totalmente antifuncional.
Es factible predecir lo difícil que será el éxito de cualquier espectáculo en
este nuevo teatro.
La pésima acústica mata cualquier intento
de matiz en la voz que o bien se oye apagada o resuena y empasta las palabras
haciéndolas confusas. El proscenio, infiltrado en la sala, en lugar de
facilitar el movimiento lo entorpece. Los letreros de “no fumar” de las salidas
de emergencia teatrales, quedan junto a la cabeza de los actores como una burla
al espectáculo. No es posible ni el ilusionismo, ni la magia, con tales
letreros. Es un teatro pues, que carece de lo más indispensable: visibilidad y
acústica. Más le valdría al actual director del INBA, señor José Luis Martínez,
derrumbar dicho local y en el mismo terreno -que es lo más valioso por el punto
en que se encuentra que permite la afluencia de numeroso público-, construir un
verdadero teatro.
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Es lamentable que tantos esfuerzos sean
estériles, ya que fue una obra que se preparó casi durante ocho meses y en la
que trabajó entusiastamente todo el equipo de personas que han demostrado
muchas veces su capacidad. Dagoberto Guillaumin, el
director, llamó a colaborar con él a diferentes asesores técnicos: a Luisa
Josefina Hernández, para la investigación literaria, a Emilio Carballido para la revisión del texto; a Jorge Alberto
Manrique para la investigación histórica y sociológica; a María Douglas para que
instruyera en dicción a los actores; a Leonardo Velázquez para la música; a
Carlos Gaona para la coreografía, al pintor Arnold Belkin para que supervisara la producción, etc.
Guillaumin decidió trasponer la época del vestuario y en lugar de ataviar a los actores
con los trajes propios de griegos y troyanos, lo hizo con uniformes militares y
vestidos de noche actuales, con el objeto sin duda, de hacer resaltar el
mensaje pacifista que la obra contiene, vigente en todas las épocas y en la
nuestra más que en otras.
De entre los actores sobresale Juan Manuel
Díaz que desempeña el papel de Ulises. En general se advierte que todos los
actores, jóvenes en formación (la mayoría de ellos se prepara en la Escuela de
Arte Teatral del INBA), ponen lo mejor de ellos mismos para sacar adelante sus
respectivos papeles. Sería injusto, por las condiciones adversas en que se
realizó la representación, tratar de desprender de ella las virtudes o defectos
de cada actor, ya que en otras circunstancias el resultado podría haber sido
diferente. Sólo de uno de los actores me atrevo a mencionar que descubre un
“vicio teatral” en ciernes. Mauricio Davison, cuya
manera de hablar, grandilocuente y llorona, puede convertirse fácilmente en un
defecto que una vez arraigado le será imposible corregir.
Es una lástima que el primer esfuerzo del Centro de Experimentación Teatral (que es el primero de tres
centros: el de Teatro Clásico y el de la Vanguardia Teatral), [columnas añadidas a partir del original de la autora]
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