Teatro, Manolo Fábregas. Autor, Neil Simon. Dirección y producción, Manolo Fábregas, Escenografía, Julio
Prieto. Reparto: Manolo Fábregas, Fernando Luján, Berta Moss, Susana Freyre, Francisco Muller y Héctor Herrera
No tiene
nada de extraño que Manolo Fábregas, que
se ha echado a cuestas
el sostenimiento de un
gran teatro, busque afanosamente obras
que diviertan a su público y prefiera sacrificar las
sutilezas de
un teatro dirigido al entendimiento sustituyéndolo
por la obviedad de
un teatro que no
exige del espectador mucho entendimiento. El teatro es un espectáculo extraordinariamente costoso para el empresario y la
recuperación de la inversión es siempre arriesgada. Es lógico, pues, que después de
las dificultades económicas que tuvo que afrontar con la puesta en escena, por ejemplo de El ojo
público y El oído
privado no tenga muchos deseos de correr nuevos albures. El teatro cultural sólo
sobrevive con subsidios, aun en Europa, donde el público
está acostumbrado a ir
al teatro y cada localidad se paga a precio de oro.
La obra seleccionada por Manolo Fábregas en esta ocasión es una comedia nada singular: Descalzos en el parque, de Neil Simon. La anécdota, de tan simple resulta obvia: la primera riña conyugal, a los quince días del matrimonio
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| diorama
teatral
descalzo
en el
parque
p o r m a r a r e y e s
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enlazada con un plan de la joven consorte para que su madre encuentre también un marido. El guiso se sazona con frases ingeniosas -o que pretenden serlo- y algunos chistes -unos eficaces y otros no-. La sal y la pimienta la ponen los personajes al conducirse de manera poco habitual, debido a los rasgos de personalidad que les son adjudicados por el autor. El público se identifica con las situaciones similares a su vida cotidiana y ríe satisfecho.
Manolo
Fábregas deja su sitio
de galán a Fernando Luján y se acomoda muy bien al donjuanesco alpinista y gourmet de 58 años, Víctor Gudinoff, que termina por desdecirse de sus pretendidas extravagancias. Susana Freyre, joven actriz que nos llega de Argentina, hace un trabajo correcto,
aunque en ciertos
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momentos no convence. Su proyección es dispareja. Interpreta
a la joven Corie, recién casada que insta a su marido
-Pablo, bien personificado por Fernando Luján- a parecerse a su extravagante
vecino Gudinoff.
Hasta en estos papelitos de poca monta, Berta Moss revela sus cualidades de buena actriz.
Y poco puede decirse de Francisco Muller que hace un
papel totalmente episódico.
La dirección de Fábregas es
ágil, sostiene el ritmo, a pesar de que el texto tiene lagunas
insalvables. La escenografía de Julio Prieto cumple su
cometido y da al director la posibilidad de utilizar ciertos
recursos que Fábregas
supo aprovechar. En suma, se trata de una comedia amable
pero nada extraordinaria.
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