Teatro Xola. Autor, Henry Denker. Traducción, Augusto Benedico. Dirección,
Ignacio Retes. Escenografía y vestuario, Julio Prieto.
Reparto: Augusto Benedico,
Virginia Gutiérrez, Anita Blanch, Francisco Jambrina, Queta Lavat, Claudio Obregón, María Stain, Héctor Ortega, Malena Doria y Alfredo Lara.
La
obra que nos presenta ahora el Teatro Xola, El hilo rojo, ofrece un interesante cuadro sinóptico de la vida de Sigmund Freud. El autor, Henry Denker,
presenta al padre del psicoanálisis en el momento preliminar de sus luchas por hallar una nueva terapia que aliviase los padecimientos mentales. Era la época en que los
médicos explicaban cualquier síntoma sólo
por lesiones orgánicas, desconociendo los
factores síquicos de algunas enfermedades.
Su principal acierto es el de
presentarnos a Freud como un hombre con sus dudas, sus
conflictos familiares, sus batallas con otros médicos y con las
instituciones que le negaban crédito a sus métodos, no
sólo por ser éstos demasiado renovadores, sino por el hecho de provenir de un judío. La obra se inicia cuando la invasión nazi en Austria -11 de marzo de 1938- le obliga a abandonar Viena para dirigirse a Inglaterra, donde habría de morir un año después victima del cáncer
que le hizo sufrir los últimos veintiséis
años de su vida, período en el cual
tuvo que soportar treinta y tres
operaciones, antes de que se declarase su estado como “inoperable, cáncer incurable”. La acción de la obra, no obstante, regresa por medio del recurso del recuerdo, hacia los años en que, al lado del doctor Joseph Breuer, Freud iniciara sus investigaciones
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diorama teatral
el hilo
rojo
por mara reyes
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sobre histeria. El tratamiento de un solo caso, sirve a Denker como ejemplo y síntesis de sus combates, de sus logros y de toda la trascendencia que habrían de tener las investigaciones y trabajos de Freud no sólo para la medicina, sino para otras ramas de la ciencia y del mismo
arte (su influencia ha sido decisiva para la siquiatría, la antropología, la sociología, la paidología, la literatura, la pintura, etc.).
Siempre he creído que Ignacio
Retes consigue sus mejores frutos dentro del teatro realista, en el que se mueve como pez en el agua. Y su dirección de esta obra da una prueba más en favor de esta opinión. Los caracteres de los
personajes están perfilados con veracidad,
los personajes no necesitan hablar para
proyectar sus sentimientos y sus
íntimos conflictos, la palabra en
ellos es una simple corroboración de sus actitudes.
La personificación que realiza Augusto Benedico del doctor Freud es ejemplar. La habitual maestría de este actor parece superarse aún más. Cada gesto, cada reacción conducen al espectador como un hilo, por la intrincada madeja de pensamientos
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resoluciones y descubrimientos
por los que tuvo que ir atravesando Freud para llegar a las
conclusiones hoy tan conocidas (aunque superficialmente por la mayoría) que han adquirido carta de naturaleza en la cultura de nuestros días. También
de Benedico es la excelente traducción de esta obra que presentaba los escollos de un lenguaje especializado del que supo encontrar sus exactas correspondencias
en nuestro idioma.
Destaca por su excepcional trabajo, Virginia Gutiérrez, quien tiene a su cargo el papel de la baronesa Elizabeth Von Ritter, la enferma a la que Freud devuelve su salud por medio del primer tratamiento psicoanalítico practicado en la historia (al menos según la obra). El proceso
evolutivo de su enfermedad, hasta el
momento de la curación, es llevado
por Virginia Gutiérrez con implacable
solidez.
Todos los demás actores, realizan impecablemente sus respectivos papeles: Queta Lavat -el de Martha Bernays, esposa de Freud-; Francisco Jambrina -el del doctor Joseph Breuer-; Claudio Obregón (quien supera con mucho sus actuaciones anteriores) el de Frederic Welmuth; Anita Blanch
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