consistía en mantenerse sustancialmente puro- que se pierde precisamente en el momento en que siente el amor. Y Eurídice podría
identificarse con la Vida -no es circunstancial que ella esté encinta en el momento en que es muerta por el
marido- a la que no dejan unirse con la pureza, porque en el mundo, tal como Williams lo ve, no dejan a la .vida ir aparejada con la pureza, la cual, en este Orfeo moderno consiste en no dejarse comprar. Sólo la corrupción parece estar permitida.
Como dice Val, sólo hay dos clases de seres: los que compran y los que se dejan comprar, aquellos que no pertenecen a estas dos clases de hombres,
tienen que dejar de existir.
Si pueden encontrarse en la obra todos los elementos del mito helénico -la guitarra sustituyendo a la lira que regalara Apolo a Orfeo, el marido, encarnando a la muerte, el río que ha cruzado Val y debe volver a cruzar, y tantos
otros- también pueden encontrarse en
la obra los rasgos de los caracteres nítidamente
perfilados, sicológicamente definidos. En esta síntesis de elementos se advierte claramente la mano maestra del autor que supo dar a los personajes una proyección simbólica, sin privarlos
de una sicología propia que da a sus
acciones una validez susceptible de
ser analizada etiológicamente.
El montaje que realizó Xavier Rojas
está lleno de aciertos, las escenas tienen una progresión,
van llevando de una atmósfera a otra sin saltos
abruptos, lo que es especialmente difícil en una obra dividida en tantos cuadros (nueve en total). Su dirección tiene además la virtud de haber sabido dar a los personajes su doble dimensión, caracterológica, y simbólica; las correspondencias míticas existen como algo natural, sin artificios; no resultan obvias, ni rebuscadas, simplemente
están expresas.
Carmen Montejo borda su personaje con una asombrosa armonía de colores. Cada escena es un color que añade a la
tela. Hay vida en cada una de sus palabras. Siendo el teatro un trabajo de conjunto, era preciso que la respuesta de los otros personajes se mantuviera a la misma altura para obtener el máximo en la interpretación, y esta respuesta la obtuvo de todos -salvo de dos actores que encarnan a dos personajes episódicos, estos actores (Alejandro Guerrero y Rubén Calderón) son los únicos lunares de la representación.
Aldo Monti -en el papel de Val o sea el correlativo de Orfeo- permanece en todo momento dentro
de la alta tesitura de Carmen Montejo. Respuesta
exacta, eficaz, certera. Monti
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se gana al espectador
desde su aparición, y como si llevara el hilo de Ariadna, no se pierde más en el laberinto que le traza su personaje, su hilo conductor lo lleva y lo trae y por más vueltas que le haga dar, Monti encuentra el camino hasta la salida.
Excelente también es el trabajo de Graciela Doring que va haciendo crecer su personaje a medida que la obra transcurre.
Una de las máximas dificultades para
el desempeño de este papel es la aparición
fraccionada de su personaje en escena y siempre en situaciones culminantes, de manera que no tiene la posibilidad de ir creando una atmósfera, de ir mesuradamente de un principio hacia
un clímax, sino que aparece casi siempre en el momento
“climático”, sin tener la opción de una preparación previa.
Graciela Doring supo vencer este escollo.
María Rubio supo encontrar la exacta caracterización de su personaje; otras actuaciones sobresalientes fueron las
de Eva Calvo e Isabel Aguirre. Víctor Eberg en un papel de primerísima importancia, aún cuando sean tan breves sus apariciones, no alcanzó toda la dimensión
de su personaje. El tránsito de una situación a otra la realiza precipitadamente, además de que nunca llega
a verse cómo “lleva la muerte en el rostro” que es la forma en que todos los personajes lo describen -recuérdese que éste personaje es precisamente el símbolo de la muerte.
Las intervenciones de María Wagner y Sergio Elizondo (este último en dos papeles) correctas, aunque el personaje de Pee Wee, resulta un poco convencional. La escenografía,
sin crédito en el programa, contribuye en
todo momento a la atmósfera en que se desarrolla el drama.
¡Ojalá todo el teatro comercial tuviera esta calidad!
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