Diálogo entre el
amor y un viejo
Casa del Lago. Autor,
Rodrigo Cota. Dirección,
José Luis Ibáñez. Fotografía y vestuario, Vicente Rojo.
Música, Alicia Urreta. Reparto: Beatriz Sheridan y
Carlos Fernández.
Acaba
de estrenar la Casa del Lago una joya más de las que tiene ya en su haber: Diálogo entre el amor y un viejo, del clásico español Rodrigo
Cota, judío convertido que viviera en los tiempos de la toma
de Granada y de quien durante mucho
tiempo se dijo que era autor del
primer acto de La Celestina -que
fuera publicado en 1480, doce
años antes de que Fernando de Rojas
escribiera el resto le la
tragedia-. Habiéndose aseverado también que sólo fue un seudónimo que usó Fernando de Rojas para publicar el primer
acto de su obra y así verificar con cautela cuál era la opinión que provocaba La
Celestina antes de revelar él su
nombre como autor. Sea lo que fuere, el caso es que este Rodrigo Cota dejó para la posteridad
este maravilloso Diálogo entre el amor y
un viejo del cual ha dicho con
justeza Tomás Segovia que “nos muestra con toda naturalidad… el dramatismo de un poema, la dramaticidad de lo
poético”, y es que la riqueza lírica y dramática del poema no sólo halaga los sentidos, sino que los conmociona, los
sacude, siempre en base al
lenguaje y siempre en base a un
conflicto emocional. El lenguaje
estimula el conflicto emocional y el conflicto estimula
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diorama
teatral
por mara reyes
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el lenguaje y
de esta autorregulación nace el poema dramático en toda su pureza y en toda su complejidad.
El director,
José Luis Ibáñez, comprendió esta estimulación recíproca entre lo lírico y lo dramático y dotó a la palabra de una nueva riqueza: la del matiz, que sólo puede conseguirse a través de la forma oral y a lo dramático de uno de sus dones: el del
gesto. Matiz y gesto, unidos, tejidos en una gran tela, forman
una urdimbre conjunta con el poema, de tal suerte
que no podrían deslindarse los unos del otro.
Los
intérpretes: Beatriz Sheridan y Carlos Fernández, dos de los mejores actores con que
cuenta México, se muestran con ese equilibrio inefable entre el mundo alegórico que
nace de la poesía, y el mundo vívido que tiene su origen en las vísceras de un hombre, en sus glándulas, en su materia nada abstracta, en
su mente, en su espíritu. Y de este dar y recibir -que no es otra cosa, el poema más que una continua dádiva y una continua entrega- Beatriz Sheridan y Carlos Fernández hacen una obra de arte, un dar y un recibir también con el público al que
transmiten y del que captan una emoción, que al fin y al cabo ésta es la búsqueda de
todo artista verdadero.
Pero sería injusto omitir dos nombres: Vicente Rojo y Alicia Urreta, el uno autor de la escenografía y el vestuario y la otra de la música -percusiones-. Ellos lograron una tan perfecta amalgama con la obra, con el trabajo del director y el de cada uno de los actores, que no se puede hablar de la obra como unidad, sin involucrarles. Su participación es tan acorde que exaltar aisladamente su trabajo es separarles del conjunto. |
Pantomimas
Casa del Lago
Mimo: Gabriel Moreno
Juan
Gabriel Moreno se ha destacado como el continuador en México de la escuela de Alexandro. No obstante, el mundo en que se mueve comienza ya a alejarse del maestro
y a mostrar su propia ruta.
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Su temática, un tanto ingenua,
sentimental a veces, comienza a interesarse en asuntos menos metafísicos, menos intelectuales,
para adentrarse en los conflictos de orden social,
para definirse como de una
idiosincrasia popular, dirigida no a
las “élites”, sino a la
gran masa que pueda identificarse fácilmente
con sus personajes. Sus dibujos son certeros y si en ocasiones llegan a ser obvios, ello se debe en parte a que Moreno es
consciente del público al que van dirigidos.
Su técnica es clara, cada día más superada
(hace un año tuve oportunidad de
verlo en la ciudad de Jalapa). Ante
él se abre un porvenir lleno de buenos augurios.
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