La criada
malcriada
Teatro 29 de
Diciembre. Autor: Jorge Landeta. (Adaptación de una obra de Serge Veber). Dirección: Fernando Cortés. Escenografía: David Antón.
Reparto: María Victoria, Joaquín Cordero, Ariadne Welter, Manolita Saval, Óscar Pulido y Armando Arreola.
Deberíamos regocijarnos por la inauguración de este nuevo
teatro de comedia. No obstante, el haber hecho
tal inauguración con una obra como La criada
malcriada es como para borrar el regocijo.
En México se está
desarrollando un fenómeno que amenaza al teatro, mucho más que lo que fue la aparición del
cinematógrafo, por
que ataca al teatro desde dentro. Este fenómeno es la invasión de
los teatros frívolos sobre los teatros de
comedia. Lo que empezó con la simple inclusión
en un reparto de alguna “actriz” o “actor” de sketches, se ha convertido en una
degeneración extrema. Las obras teatrales
son “adaptadas” para que sirvan al nuevo género que nada tiene que ver con el teatro. Cualquier
autor es bueno -hasta Sófocles, si
Jorge Landeta se lo propusiera- para
servir como fondo a los albures y
chistes baratos de los “actores”; unas cuantas alusiones a los anuncios comerciales que diariamente aparecen en la televisión o se
escuchan por radio, unas cuantas
vulgaridades que provoquen risa, unas muchas morcillas para aderezar el guiso y la
comedia queda “adaptada
a la escena mexicana”.
Ya no se necesita ser actor para intervenir en una comedia, con sólo saber decir chistes se está a la altura suficiente para ser considerado como tal;
con el único requisito de no ser mudo y de tener la osadía de salir a un escenario a usurpar un lugar que
no se tiene, cualquiera puede darse de
alta de actor (o de actriz).
No afirmo que los sketches no deban existir, pero que existan en su sitio: en la carpa, en los blanquitas, margos, follies; que no se vistan con pretensiones y menos que invadan terrenos ajenos. ¡Acaso en
este asunto no vale eso de la autodeterminación!
Puede haber buenos sketches y mal teatro... ¡quién lo discute! Pero
que cada quien permanezca en su
casa.
Y si digo que esta invasión es una amenaza para el teatro
no es por lo que hagan los
adaptadores y actores de este género
deleznable al que no puedo llamar
“teatral” por
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